viernes, 27 de abril de 2012

jueves, 26 de abril de 2012

REBELDES EN CANADÁ

Rebeldes en Canadá (I tre del Colorado)
1965
España/Italia
Director: Amando de Ossorio
Reparto: George Martin, Diana Lorys, Luis Marín, Santiago Rivero, Giulia Rubini, Pamela Tudor, Franco Fantasia, Raf Baldassarre, Francisco Nieto, Mirko Ellis, Simón Arriaga,  Luis Induni, Lisa Warner, Rafael Hernández, Giovanni Petti, Guillermo Méndez, José Bastida, Aurelio Treviño, Pedro Fenollar, Manuel Granada, Maria del Carmen de la Torre
Guión:  Amando de Ossorio
Fotografía: Fulvio Testi 
Musica:  Carlo Savina


Coproducción italo-española de 1965 dirigida por Amando de Ossorio, también responsable del guión, que supone su segunda incursión en el western tras “La tumba del pistolero” (filme ya comentado en este blog) y se me antoja como el típico producto alimenticio anterior a la realización por parte de este director de largometrajes más personales que le convirtieron en uno de los cineastas más originales del fantaterror español, sobre todo con la tetralogía de los templarios (“La noche del terror ciego”, “El ataque de los muertos sin ojos”, “El buque maldito” y “La noche de las gaviotas”) basada ligeramente en Los Cuentos y Leyendas de Bequer que, a pesar de sus imperfecciones y su exiguo presupuesto, está considerada una saga de culto entre los amantes de este género.


SINOPSIS: Canadá segunda mitad del siglo XIX, la Compañía de la Bahía de Hudson, apoyada por los británicos de la Policía Montada y con James Sullivan a la cabeza impone unas condiciones inaceptables a los tramperos autóctonos respecto al comercio de las pieles, por lo que algunos de ellos liderados por Leo Limoux se declaran en rebeldía. A este grupo se unirá Víctor, un trampero que hasta la ejecución de su hermano por los soldados británicos se había mantenido neutral, que participará en el secuestro de Ann, la hija de James Sullivan. Pero con lo que no contaba Víctor es que se iba a enamorar de ella.

Largometraje en el que el cineasta Amando de Ossorio vuelve a demostrar su conocimiento de los clásicos. Así, si en su primer western se podían encontrar claras referencias a filmes como “El hombre que mató a Liberty Valance” en la escena del asesinato ofrecida dos veces con perspectivas diferentes, “Conspiración de silencio” fundamentalmente en el inicio del largometraje con la hostil acogida al protagonista por parte de los vecinos del pueblo o “El tercer hombre” en relación con el plan urdido por el hermano del héroe simulando su muerte; en la cinta que nos ocupa Ossorio toma como modelo las películas clásicas de aventuras y, en concreto, dos: “Robin de los bosques (Michael Curtiz, 1938) y “El halcón y la flecha” (Jacques Tourneur, 1950), repitiéndose escenas y situaciones. Así como en estas películas tenemos a un grupo de individuos liderados por un noble personaje que frente a la tiranía de las fuerzas de ocupación extranjeras, que cuentan con un ejército más preparado, se ha visto obligado a llevar una vida de bandidaje y a refugiarse en el bosque en donde se organiza como una comunidad; si en la primera los bandidos raptaban a Lady Marian y en la segunda a Anne de Hesse, en esta secuestran a Ann, la hija de Sullivan, de la que, al igual que en sus modelos les ocurría a Robin y a Dardo, Víctor se enamorará; incluso Víctor protagoniza una pelea con el líder de los rebeldes que se asemeja a la lucha entre Robin y Fray Tuck

Quizás se pueda achacar a la película su falta de rigor histórico y que trate de forma superficial el enfrentamiento surgido en Canadá en la década de los ochenta del siglo pasado (en un momento se cita la figura de Louis Riel que se encontraba exiliado en los EEUU tras el fracaso de la rebelión de Red River en 1869, aunque el conflicto parece asemejarse más a éste que al protagonizado también por Riel una década más tarde) entre los británicos y los metis, simplificando el conflicto en la persona del tiránico James Sullivan director de la Compañía de la Bahía de Hudson que gracias al monopolio establecido en relación con la compra-venta de pieles impone una condiciones inaceptables a los tramperos; o que los problemas raciales que planean a lo largo de la película, como por ejemplo en una escena entre Víctor y Ann, son tratados de forma superficial e incluso con una gran ingenuidad. Pero creo que la intención del director era ofrecernos, como señalé anteriormente, una película de aventuras hecha a la vieja usanza y en ese sentido consigue un filme vigoroso, dinámico, con un ritmo trepidante y bastante bien dirigido que se aprovecha de un presupuesto aceptable (el largometraje está coproducido por la Produzione Europpee Associati del abogado y cinéfilo Ernesto Gastaldi, responsable de gran parte de los mejores westerns hechos en Europa) y, en todo caso, muy superior al del su primer western, lo que le permitió rodar la mayor parte del mismo en exteriores que están muy bien aprovechados y bellamente fotografiados por Fulvio Testi, así como ofrecernos escenas realmente espectaculares y muy bien rodadas como la de la pelea que mantiene Víctor con dos rijosos buscadores de oro en un río que no tiene nada que envidiar a otras similares vistas en westerns americanos o la espectacular batalla que se desarrolla en dos partes, en primer lugar en ambas orillas del río que está perfectamente explicada gracias a la correcta utilización de panorámicas, planos largos y planos medios; y en segundo lugar en una explanada con una espectacular y sangrienta carga de caballería (en la que quizás por su truculencia para el año en que fue rodada se pueden apreciar ciertos elementos en común con algunas escenas de “El ataque de los muertos sin ojos”) a la que quizás sólo haya que reprochar no haber contado con más figurantes. Creo que la escena de la batalla constituye el momento culminante del filme, y de hecho el título con el que se comercializó en Francia hace alusión a la masacre que tiene lugar en el Río Hudson.



Por el contrario, y desde el punto negativo, nos encontramos con un guión bastante irregular al desarrollar dos historias que se suceden simultáneamente y que provocan un cierto desequilibrio en el filme. Por una parte nos encontramos con el conflicto armado entre los hombres de Limoux y los británicos de la Compañía de la Bahía de Hudson protegidos por la Policia Montada, que sin duda es la parte más lograda de la película y en la que, creo, se capta el espíritu clásico de los filmes de aventura, aunque con un tono más trágico y desmoralizador por el final que van teniendo tanto los principales personajes como la rebelión armada; además, de como señalé, en el punto anterior, estar bastante bien narrada. Pero por otra parte asistimos al secuestro de Ann y al nacimiento de la historia de amor entre ésta y Víctor, en la que la película se inclina excesivamente, para mi gusto, hacia el melodrama, además de estar cargada de secuencias bastante tópicas con diálogos ingenuos y simples como la mencionada conversación de ambos amantes sobre las diferencias que les separan, otras escenas forzadas como la de la aparición por allí de dos buscadores de oro aunque este hecho dé lugar, como también he señalado, a una pelea espectacular, algunas situaciones ilógicas como que Víctor, en pleno conflicto, se pasee sin portar armas la mayor parte de la película, otras poco explicadas (¿De dónde sale Ann para acompañar a Víctor a los EEUU?), o el simple final, lógicamente feliz para ambos amantes, que desentona con el tono más pesimista de la película y me recordó al de “Fuera de la ley” (western con su correspondiente reseña en este blog).

Por lo que respecta a la banda sonora, ésta fue compuesta por Carlo Savina y, sin ser nada destacable, está aceptablemente utilizada y acompaña bastante bien a las escenas, además de contar con una bonita canción atribuida en la versión que he visto al compositor Daniel White. Músico en algunas ocasiones identificado con el director Jesús Franco, aunque en un par de entrevistas al realizador que he leído ha desmentido categóricamente que él fuera el tal White.

El aspecto más flojo de la película, para mí, se encuentra en el elenco actoral. Así dando vida a Víctor DeFrois, el héroe del filme, nos encontramos con el catalán George Martin, en realidad Francisco Martínez Celeiro, un gimnasta de élite reconvertido en actor tras salvar la vida al no tomar el avión en el que en 1959 perdió la vida el campeón europeo Joaquín Blume junto con todo el equipo nacional de gimnasia, que se convertiría en una de las escasa estrella españolas protagonistas de euro westerns (entre otras la citada “Fuera de la ley”, ”Oeste Nevada Joe”, “Clint el Solitario”, “Thompson 1880”, “Sonora”, todas ellas con sus respectivas reseñas). En esta ocasión vuelve a demostrar sus limitaciones como actor, sobre todo en las escenas más dramáticas lo que redunda en la escasa credibilidad de las mismas; mientras que se le ve más desenvuelto y creíble, gracias a su estupenda forma física, en las escenas de acción. Junto a él, cobrando un protagonismo mayor de lo que era habitual en los westerns hechos en Europa, tres actrices que aportan poco más que su belleza y encarnan a tres prototipos de mujer: Dyana Lorys, presencia habitual en los euro westerns y a la que volveríamos a ver dirigida por Ossorio en “Malenka la vampira” (1969), como la mundana Nina que regenta un saloon y está enamorada de Víctor, la italiana Giulia Rubini como la femenina y delicada Ann, hija del pérfido James Sullivan, de la que se enamorará nuestro héroe y Pamela Tudor en el papel de la aguerrida Muia, la compañera de Leo Limoux. El resto del reparto lo componen rostros habituales, como un casi irreconocible, al no llevar bigote, Mirko Ellis, el típico actor que con la decadencia del género de sandalias y espadas se busco un hueco en el euro western con títulos como los ya comentados en este blog “Arizona Colt” (1966), “Killer calibre 32” (1967), “Odio por odio” (1967), “El último pistolero” o “Un hombre y un colt” (ambas de 1968), y que en esta ocasión da vida al bienintencionado capitán de la Policía Montada enamorado en un primer momento de Ann, por lo que más que un triángulo amoroso se produce una relación a cuatro aunque pronto el director se olvida de este posible foco de conflictos; Franco Fantasia, también con una gran experiencia en el péplum y en el género de capa y espada con lo que se acentúa la idea de fusionar cine de aventuras y western, en el papel del honorable Leo Limoux; el prácticamente indispensable, rodó más de treinta y cinco westerns europeos, Raf Baldassarre como uno de los rebeldes bajo el mando de Limoux.; o Rafael Hernández, el inolvidable conductor del autobús de “Crónicas de un pueblo” y un todoterreno como actor que también cuenta con una gran experiencia en el euro western, como otro de los leales hombres de Limoux. Todos ellos se limitan a estar por allí y a defender mínimamente sus escasamente desarrollados personajes.

En resumen una ligera, agradable, simpática, entretenida e intranscendente película rodada con mucho oficio por Amando de Ossorio que, creo, no desentona demasiado con otras producciones de similar presupuesto filmadas al otro lado del Atlántico, aunque estética y temáticamente está muy alejada de lo que podemos entender como spaghetti western.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 6
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 4
MÚSICA: 5

MEDIA: 5,4

lunes, 23 de abril de 2012

Antonio Molino Rojo

Antonio Molino Rojo (n. Venta de Baños, provincia de Palencia; 14 de septiembre de 1926, Barcelona 2 de Noviembre 2011) fue un actor y director español.

Se inicia como deportista, pero comienza su carrera en el cine a los 20 años de edad como doble y especialista y acaba de actor de reparto a partir de 1950 con la película Las aventuras de don Juan Mairena. Su carrera se desarrolla discretamente en el cine español, recurriendo a menudo en el llamado género péplum.
Sus mayores éxitos vendrán a finales de los años 60 en una etapa del cine de género y coproduciones, especialmente en los spaguetti-western de Sergio Leone como Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo y Hasta que llegó su hora.

Su rostro fiero e implacable añadido a su agilidad hacían de Antonio Molino Rojo un actor ideal para protagonizar papeles secundarios de este género, se le puede ver también en otros westerns españoles como Manos torpes, 15 horcas para un asesino, Garringo, etc.
En algunas de sus apariciones aparece acreditado como "Red Mills".

También ha dirigido alguna que otra película de cine X, como Seis calientes suecas en Ibiza de 1982 o Bragas húmedas en 1984.
Su última película fue La diputada del director Javier Aguirre en 1988.

Falleció el 2 de noviembre de 2011 en Barcelona, a los 85 años de edad.

Texto de Igor Hernández Peña.

Filmografía SW:

1962- El sheriff terrible
1964- Bienvenido, padre Murray
1964- Los pistoleros de Arizona 
1964- Por un puñado de dólares
1964- Los rurales de texas
1965- Viva Carrancho
1965- El dedo en el gatillo
1965- Aventuras del oeste
1965- Un lugar llamado Glory
1965- 4 dolares de venganza 
1965- La muerte tenía un precio
1966- Dos mil dólares por Coyote 
1966- El halcon y la presa  /// Reseña Adicional
1966- El bueno, el feo y el malo
1966- Siete pistolas para los MC.Gregor
1966- Texas kid
1966- El hombre del sur
1966- Los cinco de la venganza 
1967- El hombre que mató a Billy el Niño 
1967- Quince horcas para un asesino
1968- Hasta que llegó su hora /// Reseña Adicional
1968- Mátalos y vuelve
1968- Un minuto para rezar, un segundo para morir
1969- Los Desesperados
1969- Una cuerda, un colt
1969- Manos torpes 
1969- Garringo
1969- La colina de las botas
1970- Veinte pasos para la muerte 
1970- La diligencia de los condenados
1971- Un Colt por cuatro cirios 
1971- Los buitres cavarán tu fosa /// Reseña Adicional
1972- Lo ammazzo come un cane... ma lui rideva ancora
1972- Una Cuerda al amanecer
1972- Les llamaban Calamidad
1973- Mi nombre es Ninguno 
1978- La ciudad maldita 

viernes, 20 de abril de 2012

LA MUERTE LLEGA ARRASTRÁNDOSE

La muerte llega arrastrándose (Hai sbagliato... dovevi uccidermi subito!)
1972
España/Italia
Director: Mario Bianchi
Reparto: Robert Woods, Frank Brana, Ivano Staccioli, Nieves Navarro, Ernesto Colli, Carl Gaddi, Saturno Cerra, Rafael Albaicín, Tino Brana, Enrico Canestrini, Omero Capanna, Francesco D'Adda, Vittorio Fanfoni, Irio Fantini, Miguel Guzman, Jose Luis Lizalde, Maria Dolores Tovar, Ernesto Vanes, Filippo Marcelli, Ottorino Polentini
Guión:  Mario Bianchi, Paolo Bianchi, Luis G. de Blain
Fotografía: Rafael Pacheco
Música: Carlo Savina


Coproducción italo-española de 1972 rodada entre Madrid (Aldea del Fresno, Colmenar Viejo) y Toledo (Seseña) que supuso uno de los primeros trabajos como director de Mario Bianchi, hijo del también director Roberto Bianchi Montero (“Oklahoma Jones”, “Le due facce del dollaro”, “Yo los mato, tú cobras la recompensa”) y con amplia experiencia como ayudante de dirección tanto al lado de su padre como con realizadores de la talla de Mario Bava (“Cinco muñecas para la luna de agosto”, “Un hacha para la luna de miel”) que, tras una primera etapa en la que mostró su interés por el western con títulos como las intrascendentes y ya comentadas en este blog “La máscara de cuero” (realizada en 1971 pero estrenada en 1975) y “Mano rápida” (1973), se inclinó, bajo los seudónimos de Martin White, Nicolas Moore o Tony Yanker, por el cine erótico, cuando no pornográfico, destacando la serie de películas realizadas con la actriz sueca Marina Hedman en la que figuraba el nombre de la protagonista en los títulos de crédito como reclamo, lo que da idea de su popularidad en el ámbito del cine para adultos.

SINOPSIS: Jonathan Pinkerton, un inspector de seguros británico contratado por la agencia Lloyds de Londres, se dirige al pueblo de Yellowstone para averiguar la verdad sobre un robo de un banco cometido dos años antes y descubrir el paradero del cajero desaparecido en el mismo, con el objeto de probar su participación en el robo con lo que ahorraría a su compañía el desembolso de un millón de dólares en indemnizaciones.




Western en el que Mario Bianchi en su doble faceta como director y guionista, y como ya había hecho en la inferior “La máscara de cuero”, intentó fusionar dos géneros, en principio tan alejados, como el spaghetti, que se encontraba en plena decadencia a principios de esta década, y el giallo, cine de suspense caracterizado por sus violentas y cuidadas escenas de crímenes en pleno apogeo en el momento de rodar este filme, de tal forma que no sé si se puede hablar de un western “giallificado” o de un giallo ambientado en el far-west. Incluso su título en español remite a otros giallos rodados entre 1971 y 1972 como “La muerte camina con tacón alto” y “La muerte acaricia a medianoche” ambas dirigidas por Luciano Ercoli e interpretadas por su mujer Nieves Navarro, coprotagonista del filme que nos ocupa y cuya presencia no se me antoja casual, ya que además de aparecer en los giallos citados fue una actriz habitual a principios de los setenta en este tipo de producciones.

Aunque el spaghetti cuenta con un guión más elaborado y la película está más cuidada formalmente que los otros dos westerns rodados por Bianchi no me ha terminado de convencer, y es una lástima porque cuenta con un interesante y prometedor comienzo en el que, durante aproximadamente diez minutos y en tres secuencias sucesivas prácticamente mudas (tan sólo se escucha una conversación de fondo totalmente trivial en el saloon), asistimos a la llegada a un pueblo de un sospechoso individuo, al atraco al banco por éste y otros dos socios (uno le esperaba en el saloon y el otro permanecerá escondido tras una ventana desde donde matará al director del banco) que se salda con la muerte de todos los presentes en el establecimiento, y al asesinato de dos de los ladrones por el tercer hombre que se escondió en la ventana para lo que utiliza unas serpientes venenosas (de ahí el título de la película); un tercer hombre al que el director se esfuerza, sin conseguirlo si nos fijamos bien, en no mostrar su rostro con objeto de mantener la incertidumbre sobre su identidad.

Pero una vez que arranca la película con los títulos de crédito y aparece el protagonista el largometraje se estanca en una sucesión de anodinas escenas, carentes del misterio y suspense que creo requería el filme, que no hacen avanzar la acción y, mucho menos, la investigación del agente de Pinkerton; por lo que el spaghetti se reduce a un vagar de Jonathan por el pueblo (escenario que, como en los giallos, se muestra amenazante para nuestro héroe) mientras se suceden las típicas peleas, algunas de ellas con un carácter cómico cuyo tono no corresponde con el de la película por lo que, supongo, se trata de una concesión a la corriente imperante en el western europeo tras el éxito de las dos entregas de Trinidad, y los intentos de asesinato de Jonathan; al mismo tiempo que éste comienza a sospechar de una serie de individuos (un heterodoxo sheriff, un científico algo extravagante que trabaja con serpientes, un ganadero arruinado cuya marca es la misma que se encontró en un caballo abandonado tras el robo y el dueño del saloon que añora su época como tahúr en un barco del Misisipi). Además de colocar los guionistas alguna que otra trampa a lo largo del metraje para despistar al espectador en relación con la verdadera identidad del asesino, e incluso inventarse resurrecciones un tanto inverosímiles.

La banda sonora fue encargada al veterano y prolífico Carlo Savina que, a mi parecer, en esta ocasión naufraga totalmente no por la calidad de la misma sino porque los distintos temas parecen totalmente descontextualizados y son utilizados sin el mínimo rigor cinematográfico. Así el tema principal, que suena junto con los títulos de crédito, se asemeja a las canciones pop de la época y algunas de sus estrofas, incluso, recuerdan a los típicas que se podían escuchar en concursos como Eurovisión; mientras que el que se escucha en la persecución final, escena que prácticamente está calcada por Bianchi de la ya mencionada “La máscara de cuero”, con influencia jazzística y protagonismo de un órgano no corresponde con las imágenes que estamos viendo. Tan sólo uno que recuerda a los temas circenses está bien utilizado al aparecer en una de las peleas de corte cómico.


Por lo que respecta a los actores nos encontramos con un desubicado Robert Woods en el papel del británico Pinkerton, un personaje flemático (no eleva la voz, mantiene siempre la tranquilidad), educado, elegantemente vestido, de buenos modales y al que le gusta el té; es decir un conjunto de tópicos basados en su supuesta nacionalidad, que, a mitad de la película, nos dará una sorpresa sobre su verdadera identidad. En todo caso, y no sé si influyó la ridícula peluca que le hicieron llevar, no se le ve en ningún momento cómodo con su personaje y su rendimiento es muy inferior al de sus mejores composiciones en este género. Junto a él, el cupo español está representado por Nieves Navarro y Frank Braña. La primera, bajo su seudónimo habitual de Susan Scott, a pesar de que aparece en los títulos de crédito como coprotagonista tiene un papel bastante corto e intranscendente como la típica mujer fatal casada con el dueño del saloon a la vez que se ve en secreto con el ganadero; por lo que su presencia, como señalé anteriormente, parece obedecer a la idea de reforzar el intento de fusión de ambos géneros en los que la actriz almeriense tuvo una presencia muy destacada. Por su parte Frank Braña se muestra, como en él era habitual, bastante sólido en el papel del violento sheriff (al principio de la película se le ve asesinar a un individuo desarmado al que había convencido para que se entregase) que tiene varios secretos por guardar; además su interpretación se ve beneficiada por el estupendo doblaje de Felipe Peña, voz habitual, entre otros grandes actores, de John Wayne. El resto de sospechosos está interpretado por rostros habituales tanto del spaghetti como es el caso de Ivano Staccioli dando vida a Clinton, el ganadero arruinado y Carlo Gaddi como Karl, el dueño del saloon; como del giallo y el poliziesco en el caso de Ernesto Colli (“Milán calibre 9”, “Torso”) que interpreta al científico con pasión por las serpientes.

En definitiva un flojo largometraje con alguna idea interesante pero que, para mí, no termina de funcionar ni como spaghetti ni como giallo, por lo que sólo lo recomiendo para aquellos que no sean muy puristas y les gusten las propuestas extravagantes.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 4
DIRECCIÓN: 5
ACTORES: 4
MÚSICA: 3

MEDIA: 4,2

miércoles, 18 de abril de 2012

Estreno de “Contra el tiempo”

El Festival de Cine Español de Málaga estrena el largometraje documental Contra el tiempo, en el que un joven actor contacta con distintos intérpretes, todos ellos secundarios o de reparto y especialmente prolíficos en el cine de género de los 60 y 70.


El miércoles 25 de abril, a las 17 horas, el Teatro Echegaray acogerá la proyección del largometraje documental Contra el tiempo, dentro de las Secciones Especiales de la 15 edición del Festival de Cine Español de Málaga. La película se centra en un grupo de actores mayores, algunos de ellos ya retirados, otros con escaso trabajo, pero todos, menos uno, prolíficos especialmente en los años 60 y 70, cuando el “boom” de las coproducciones y producciones de género (western, terror, aventuras…). En Contra el tiempo, un joven actor, Antonio Mora, que debutó en La caja 507 (Enrique Urbizu, 2002) y al que recientemente hemos podido ver en papeles de reparto en También la lluvia (Icíar Bollaín, 2011) y Silencio en la nieve (Gerardo Herrero, 2012), se pone en contacto con veteranos actores, como Carlos Bravo (Los 100 rifles, El Condor…), Mabel Escaño (El libro del Buen Amor, Crónicas del bromuro…), Lone Fleming (La noche del terror ciego, El ataque de los muertos sin ojos…), Antonio Mayans (en la foto que acompaña la notícia)  (Rey de reyes, Saul y David…) y Ricardo Palacios (Los siete de Pancho Villa, Fu Manchú y el beso de la muerte…), a fin de conocer las experiencias de quienes forman parte del oficio sin ser grandes estrellas. Además, Mora se reúne con un compañero de tablas, Fernando García Rimada, quien debutara en 1992, ya en la cuarentena, con el pequeño papel de Fernando el Católico en la película de Ridley Scott 1492, la conquista del paraíso. De una manera especial, el actor Aldo Sambrell (La muerte tenía un precio, Joe, el implacable…) también aparece en la película.

Contra el tiempo supone la opera prima del escritor e investigador cinematográfico José Manuel Serrano Cueto, autor de números libros sobre cine, licenciado en Dirección de Escena por la ESAD de Málaga y director de un cortometraje que ya homenajeaba a los actores, Río seco (2006).

Además, Contra el tiempo también supone el debut en solitario del productor malagueño Carlos Taillefer, que comenzó la pre-producción de este documental a finales de 2009. Taillefer, que fue socio durante tres años de Antonio Banderas en Green Moon a raíz de su participación como productor en El Camino de los Ingleses (2006), presenta así la primera película de su productora Utopía Films.

El largometraje que podrá verse el miércoles 25 en el Teatro Echegaray no es un documental puramente histórico, sino que intenta explorar también el lado humano de estos actores mayores que, sin ser muy conocidos por el gran público, merecen también su parcela en el recuerdo.


“Cuando hay una cámara delante de mí gozo mucho”
(Carlos Bravo)

“Nombres muy importantes del cine se desnudaban”
(Mabel Escaño)

“En otros tiempos había muchísimos más mayores trabajando”
(Antonio Mayans)

“En mi época yo creo que era todo mucho más ingenuo”
(Lone Fleming)

“Yo también he tenido 25 años y estaba bastante buenorro. Pero eso ya no existe”
(Fernando García Rimada)

“Con Lee Marvin obligaron a cerrar el bar una hora antes… Se lo bebía todo”
(Ricardo Palacios)

“Hemos hecho cosas importantes. No estamos bien tratados”
(Aldo Sambrell)

lunes, 16 de abril de 2012

UN DÓLAR Y UNA TUMBA


Un dólar y una tumba (La sfida dei MacKenna)
1970
España/Italia
Director: León Klimovsky
Reparto: John Ireland, Robert Woods, Annabella Incontrera, Mariano Vidal Molina, Roberto Camardiel, Daniela Giordano, José Antonio López, Ferdinando Poggi, Sergio Mendizábal, Attilio Dottesio, Angelo Desideri, Giovanni Cianfriglia, Sergio Colasanti, Angelo Botti
Guión: Antonio Viader, Edoardo Mulargia, Pedro Gil Paradela
Fotografía: Francisco Sánchez Muñoz
Música: Francesco de Masi



Spaghetti italo-español de 1970 producido por José Frade a través de Atlántida Films, aunque también participó otra pequeña productora italiana, y dirigida por el estajanovista argentino afincado desde mediados de los años cincuenta en España Leon Klimovsky, que ha supuesto una agradable sorpresa ya que se trata de un más que correcto western muy superior tanto en las pretensiones como en los resultados obtenidos a otros productos filmados por Klimovsky como, para ceñirnos al mundo del oeste, “Fuera de la ley”, “Un hombre vino a matar”, Reverendo colt” (todas ellas con sus oportunas reseñas en el blog) o “El valor de un cobarde”; quizás porque, parece ser, la película fue un proyecto personal del actor principal, el canadiense John Ireland, que intervino tanto en el guión como en la dirección, aunque sólo apareciese acreditado como actor, y que incluso pudo ser codirigida por Edoardo Mulargia, director generalmente de euro westerns más oscuros y cercanos a éste como la ya comentada “El puro, se sienta, espera y dispara”, que aparece acreditado como el autor de la historia. En todo caso, nos encontramos ante un spaghetti alejado de la ligereza que caracterizaba a los westerns filmados por Klimovsky y más cuidado desde el punto de vista formal.


SINOPSIS: Jonas, un enigmático pistolero atormentado por su pasado, prenderá involuntariamente, al enterrar a un individuo que encuentra ahorcado, la mecha que hará estallar el mundo controlado por Don Diego, un despótico y brutal hacendado, y su demente hijo Chris.


La película comienza con una potente y brutal escena claro ejemplo del mundo despiadado en donde se desarrollará la historia. Así seremos los espectadores del linchamiento de un hombre por tres individuos ante la atenta mirada del jefe y los sollozos de la que se supone es su amante, mostrándonos en un precioso contraluz el resultado. A continuación suena el bello tema principal compuesto por el casi siempre fiable Francesco de Massi, aparecen los títulos de crédito y vemos a un maduro pistolero acercarse al lugar de la ejecución, para terminar éste recogiendo a la mujer que permanece desolada en el suelo e, inmediatamente después, dar cristiana sepultura al individuo. Sensacional comienzo, que recuerda al de la estupenda “Una cuerda y un colt”, en el que el director sin mediar palabra nos introduce de lleno en la historia de la película puesto que la negativa de Jonas, el piadoso pistolero, a desenterrar al hombre provocará todo el drama posterior. De esta manera la escena inicial, con un fuerte simbolismo religioso, ya que el árbol en el que el desdichado es ahorcado tiene la forma de una cruz ortodoxa rusa (de hecho el director potencia el simbolismo al filmar en un mismo plano la cruz de la tumba con el árbol en el que fue ahorcado el individuo), no sólo constituye el eje del largometraje sino que el paraje en el que se produce se convierte en el centro físico del filme al acudir constantemente los protagonistas a éste y al producirse en él gran parte de los principales acontecimientos, como el enfrentamiento de Jonas con Chris y Ed Gray, el pretendiente de Bárbara, la hija de Don Diego, o la escena final entre el propio Jonas y Maggie, la prostituta enamorada de aquél. Finalizando el filme en el lugar en donde comenzó.

Este estupendo inicio nos anuncia lo que veremos a continuación, un western duro, amargo, opresivo y desesperanzado, de una mayor complejidad y hondura de lo habitual, cercano incluso a una tragedia clásica, en el que el elemento religioso cobra un papel fundamental al haber sido el pistolero protagonista un antiguo pastor evangelista, y que se ve potenciado por unos cuidados diálogos, que en algún momento pueden parecer algo pretenciosos, en los que se reflexiona sobre la condición humana y la relación del hombre con el Creador (ante la afirmación de Don Diego de que espera que sus hombres sean suyos por entero, Jonas le replica: “La idea no es nueva, Dios pretende los mismo”. En otro momento, el mismo Jonas afirma doliente: “Me estoy alejando cada vez más de Él. Día y noche”. Para terminar la película con una terrible declaración: “Era un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios. Ya puedo matarlo todo, hasta el amor si es preciso”).

Otro de los aspectos destacados del largometraje son los personajes, mucho más trabajados y perfilados de lo habitual, para los que el consuelo es imposible y pierden, incluso, la última oportunidad de ser felices. Individuos que, como los peces de colores que son arrojados de su pecera (símbolo de la prosperidad y felicidad perdidas), se asfixian en sus propias debilidades, actos o, incluso, recuerdos.

En primer lugar nos encontramos con Jonas estupendamente interpretado por el veterano y sobrio John Ireland, un, en sus propias palabras, “moralista fracasado” que en cierta forma entroncaría con el héroe clásico del western pero, a diferencia de éste, arrastra un pasado pecaminoso del que no se ha perdonado y que le ha alejado de sus más firmes creencias. Además, en un rasgo bastante atípico, se nos presenta como un hombre culto al que le gusta recitar poemas.

Junto a él Maggie, personaje que necesariamente remite al de Vienna en el clásico de 1954 dirigido por Nicholas Ray “Johnny Guitar” (incluso hay una escena claramente inspirada en ésta cuando Jonas descarga su colt sobre un individuo en el saloon de Maggie, ya que remite a la secuencia en la que Johnny disparaba compulsivamente sobre un colt mostrando así su carácter violento), a la que da vida correctamente Annabella Incontrera (actriz que recuerdo haber visto en “Los desesperados” de Julio Buchs, otro western trágico que cuenta con su correspondiente reseña en el blog), una prostituta dueña del saloon del pueblo y antigua amante de Don Diego que se enamorará sinceramente de Jonas, aunque sea un amor condenado al fracaso.

Frente a ellos, un magnífico Roberto Camardiel, en un registro muy alejado del que nos tenía acostumbrados en los spaghettis como el bonachón y cómico compañero del protagonista, encarna a Don Diego, un despótico cacique, dueño y señor de haciendas y de hombres que lleva la desgracia, incluso a sus seres queridos, con su actitud tiránica, pero que al final del filme aparecerá como un ser patético y solitario consciente de que lo único que inspira en la gente es temor y al que, además, su antigua amante, de la que todavía sigue enamorado, acudirá para que interceda por Jonas, su nuevo amor. Un no menos excelente Robert Woods en el papel de Chris, el hijo psicótico, degenerado y sibilino de Don Diego que mantiene una relación malsana con su hermana y al mismo tiempo se muestra como un ser débil totalmente dominado por su padre. Para mí vuelve a demostrar, una vez más, que en cierta forma fue un actor desaprovechado ya que cuando tuvo papeles de entidad supo salir más que airoso, aparte de tener cierta facilidad para cambiar de registro. Y por último Bárbara, la hija de Don Diego, a la que da vida, en algunos momentos de forma poco convincente, Daniela Giordano (actriz con cierta presencia en este subgénero), víctima inocente del mundo que le rodea en el que su padre se comporta como un auténtico mafioso (tras matar al pretendiente de su hija se sincera afirmando: “Ella tiene que ser de la familia. Cuidar de mi nombre”), y al final enloquecida verdugo.



Como curiosidades señalaros que dos años antes los tres actores principales, John Ireland, Roberto Camardiel y Robert Woods, habían coincidido aunque con papeles muy diferentes en “La ametralladora”, otro curioso spaghetti producido por Atlántida Films; y que como ayudante del montaje aparece acreditado Bruno Mattei, que posteriormente se haría famoso por sus filmes de explotación.

En definitiva un interesante y atípico spaghetti (quizás pueda sorprender al aficionado a este género) que, a pesar de sus defectos (curiosamente, para mí, no terminan de funcionar las escasas escenas de acción, como la pelea en el saloon del pueblo o la huida de Jonas perseguido por los hombres de Ed) y su limitado presupuesto, creo que merece ser rescatado del olvido.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 7
MÚSICA: 6

MEDIA: 6,2

viernes, 13 de abril de 2012

martes, 10 de abril de 2012

BALADA PARA UN PISTOLERO

Balada para un pistolero (Ballata per un pistolero )
1967
Italia/Alemania
Director: Alfio Caltabiano
Reparto: Dragomir Bojanic, Angelo Infanti, Mario Novelli, Alfio Caltabiano, Dante Maggio , Monica Teuber, Ivan Scratuglia, Lanfranco Ceccarelli, Pietro Ceccarelli, Hermann Nelson, Ellen Schwiers, Fernando Sanchez Polack, Giovanni Cianfriglia, Nicola Balini
Guión: Alfio Caltabiano, Ernest R. von Theumer
Fotografía: Guglielmo Mancori
Música: Marcello Giombini


Coproducción italo-alemana de 1967 rodada en la antigua Yugoslavia, que supuso el debut tras la cámara de Alfio Catalbiano, un reputado especialista (llegó a doblar a Charlton Heston en el clásico de William Wyler rodado en los Estudios de Cinecittá en 1959 “Ben-Hur”) y actor secundario (inició su andadura, gracias a su espectacular físico, en el género de sandalias y espadas con títulos como “El Coloso de Rodas”, “Barrabás” o un par de aventuras del musculoso Maciste, para participar a partir de mediados de los sesenta en varios spaghettis entre los que destacan los crepusculares “California” y “Keoma”) con escasas incursiones como director y guionista, tan sólo siete títulos de los cuales tres se desarrollaban en el lejano Oeste aunque los dos últimos con un marcado carácter cómico.


SINOPSIS: “El Bedoja”, un sanguinario bandolero, decide con los hombres de Chinchi, su hermano, dar un último golpe asaltando el banco de Allentown con el objetivo de retirarse de su vida de delincuencia. Pero desconoce que dos hombres, un veterano pistolero llamado Rocco y un joven cazador de recompensas de nombre Hud, le siguen los pasos por diferentes motivos y de forma separada, aunque al final decidirán unir sus esfuerzos para acabar con él.



De la sinopsis de la película, con un viejo pistolero y un joven cazador de recompensas en busca de un forajido por razones diferentes, la venganza en el caso del primero y el dinero en el segundo, que terminarán por aliarse, se puede deducir que estamos ante otro spaghetti que imita descaradamente uno de los títulos fundamentales de este subgénero: “La muerte tenía un precio”, del que incluso toma prestadas situaciones como el asalto al banco más seguro del estado o el encuentro entre los dos pistoleros en el que ambos muestran sus habilidades con el revólver (en la película de Leone disparándose a sus sombreros y en ésta haciendo blanco en una lámpara). Pero, a diferencia de tanta película deudora del mítico título e incluso del propio filme de Leone que no se cuestionaban desde el punto de vista ético la actuación de los cazadores de recompensas e, incluso, su propia esencia, el largometraje que nos ocupa se caracteriza por el posicionamiento moral del director-guionista en relación con esta figura que es rechazada por llevar consigo la muerte; así son muy significativas la escena en la que Hud afirma “yo comercio con cadáveres” frente a la mirada reprobatoria de Rocco o aquella en la que éste deja claro al sheriff que él no es un cazador de recompensas y no quiere el dinero ofrecido por los pistoleros que acaba de matar, mientras que Hud reafirma su condición y exige la totalidad del dinero. Catalbiano nos presenta, por tanto, a la figura del cazador de recompensas como un ser amoral que se diferencia muy poco de los pistoleros a los que da muerte y que, como resalta en la escena final, incluso supone una deshonra para su familia.


Por otra parte, las convicciones religiosas están muy presentes en el posicionamiento ético del director, hecho que se pone de manifiesto en diversas escenas a través de las actitudes de los personajes. Así en una de las mejores secuencias del filme Rocco se quita el sombrero ante los muertos causados por el ataque al banco mientras el sacerdote recita unas frases en lo que es un claro símbolo de reverencia a Dios, y en otra “El Bedoja” antes de asesinar al presidente del banco le dice: “El paraíso es para los pobres, ya puedes entrar”; además a lo largo de la película se insiste en que la violencia sólo engendra violencia y en la canción del final en una sus estrofas se escucha: “Dice el Señor: no llores por los que cayeron muertos, sino por aquellos que los mataron, porque ellos perderán su vida eternamente”.


Curiosamente en “Requiescant” (spaghetti que cuenta con su oportuna reseña), que fue el siguiente proyecto del productor y coguionista de esta película Ernest R. von Theumer, el elemento religioso tendría un peso aún mayor.

Por otra parte, si por la temática, a pesar del diferente posicionamiento del director, se puede considerar este largometraje deudor del gran filme de Leone, la estructura y el desarrollo de la historia por parte de Catalbiano, a través de una doble relación masculina maestro-discípulo e incluso padre-hijo, parece anticiparse a dos de los grandes spaghettis que se rodaron ese mismo año “De hombre a hombre” y “El día de la ira”. Así nos vamos a encontrar por una parte con la pareja formada por Rocco y Hud y por otra a la formada por El Bedoja y su hermano menor Chinchi, parejas que serán presentadas en el inicio de la película de forma consecutiva a través del asalto a la diligencia y de su encuentro en un saloon, en las que pesa sobremanera una persona ausente (en el caso de la primera el hermano encarcelado y el padre asesinado de Hud, mientras que en la de los bandoleros su madre fallecida a la que se alude en diversas escenas) y en las que el veterano, lógicamente un individuo más reflexivo, ejercerá una influencia decisiva sobre el joven, personaje más impulsivo, aunque con resultados diferentes, redentora en el caso de Hud y funesta para Chinchi.

Lástima que a la hora de plasmar en imágenes tan sugerentes propuestas el director no esté a la altura, llevando a cabo un trabajo efectista y excesivamente deudor de las propuestas “leonianas” pero careciendo no sólo, como es lógico, de la genialidad del director romano sino también de su talento y oficio. Así alternará grandes escenas, como la preparatoria del asalto al banco o el doble enfrentamiento final que cuenta con una gran planificación y una fuerte carga dramática, con otras excesivamente amaneradas, como la del asalto a la diligencia, o directamente fallidas, como la larga, pesada y aburrida pelea en un saloon cuyo carácter cómico, además, desentona con el tono grave e, incluso, fatalista del resto del largometraje. Además de chocar el fondo del filme, que cuestiona el uso de la violencia, con la aparente fascinación por la misma por parte del director que se recrea en algunas escenas y parece tener predilección por las armas blancas (incluso hay una secuencia en el que el protagonista, como le ocurría a Sterling Hayden en el western del injustamente olvidado Joseph H. Lewis “Terror en Texas Town”, utiliza un arpón para acabar con uno de los bandidos).

Por lo que respecta a la banda sonora compuesta por Marcello Giombini cuenta con un gran tema principal que se repite en diversas versiones, incluida una de marcado carácter “morriconiana” y otra, al final del filme, cantada por Peppino Glagiardi, además de ajustados temas incidentales. Curiosamente el más flojo para mí es el que acompaña a los títulos de crédito que me pareció demasiado revolucionado y con un sonido a charanga.

Por último respecto a los intérpretes, se contó con el activo del actor yugoslavo Anthony Ghidra, en realidad Dragomir Bojanic, que está perfecto como el lacónico Rocco. La verdad es que es un actor que me gusta mucho y que en las películas en las que le he visto (además de ésta, “El último pistolero”, en el que volvía a interpretar a un mentor de un pistolero más joven, y “Un agujero en la frente”, ambas comentadas en este blog) supo dotar de una mayor hondura a sus personajes creando un tipo de pistolero caracterizado por un halo de melancolía y cansancio existencial. Por el contrario como Hud, en un para mí claro error de casting, nos encontramos con Angelo Infanti que intenta, sin conseguirlo, aportar dureza a su personaje. El director, bajo el seudónimo de Al Northon, se reservó el papel, a priori bastante interesante, de “El Bedoja” un bandido caracterizado por su amoralidad, su sadismo (en la escena de su presentación mata a un individuo acuchillándolo porque no tiene dinero para pagar por su vida, mientras que a otro que le paga no duda en dispararle por la espalda) y deslealtad con sus hombres (pretende repartirse todo el botín con su hermano); personaje que por momentos remite a algunos del cine negro ya que sueña con dar el golpe definitivo con el que retirarse y que, al mismo tiempo, muestra una sincera preocupación por su hermano, intentando en todo momento cumplir la promesa que le hizo a su madre consistente en cuidar de él. Por lo que es una lástima que Alfio Catalbiano parezca preocuparse más por hacer posturitas con su wínchester a lo Gian Maria Volonte en “Por un puñado de dólares” que por interpretar a tan sugerente personaje. Por último el papel de Chinchi está interpretado por Mario Novelli, que tan sólo está correcto.

En definitiva, una atractiva propuesta no del todo lograda, fundamentalmente por el escaso presupuesto con el que se contó, que, no obstante, creo no defraudará a los aficionados a este subgénero.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 6
MÚSICA: 6

MEDIA: 6

miércoles, 4 de abril de 2012

EL BANDIDO MALPELO




El bandido Malpelo (Il lungo giorno della violenza)
1971
Italia/España
Director: Giuseppe Maria Scotese
Reparto: Eduardo Fajardo, George Carvell, Charo López, José Nieto, Sergio Doria, Giovanni Pallavicino, Miguel Del Castillo, Léa Nanni, Antonio Cintado, Rita Forzano, Rafael Albaicàn, Gian Paolo Santini, Ruggero Salvatori, Rufino Inglés, Antonio Cintado
Guión: Giuseppe Maria Scotese, Eduardo M. Brochero
Fotografía: Giampaolo Santini
Música: Marcello Giombini

Coproducción italo-española de 1971 en la que intervino el prolífico Eduardo Manzanos Brochero a través de su Copercines, Cooperativa Cinematográfica, junto a una pequeña productora italiana, y que en esta ocasión, para la filmación en exteriores, abandonó su poblado de Golden City y alrededores por los paisajes de Almería, buscando, supongo, una mayor semejanza con la geografía de México, país en donde se desarrolla la acción de la película.

La dirección, en la que fue su única incursión en este subgénero, fue encargada a Giuseppe Maria Scotese, realizador, guionista y pintor con varias películas de aventuras en su haber (entre ellas “Il pirata di Capri” de 1949 codirigida por el injustamente olvidado Edgar G. Ulmer, autor de la imprescindible “Detour” una pesimista road-movie sobre la fatalidad y la imposibilidad de modificar el destino) y querencia por los documentales (su último largometraje de 1983, “Cannibali domani”, se puede encuadrar dentro del denominado cine Mondo, subgénero surgido en los años sesenta y de gran popularidad durante la década de los setenta)



SINOPSIS: México 1914. Diego Medina, un joven revolucionario, es el portador de unos valiosísimos documentos sobre la defensa de la ciudad de Zacatecas necesarios para la conquista de ésta por Pancho Villa. En su intento de hacer llegar los papeles al general topará con un bandolero, Malpelo, que finalmente se convertirá en su principal aliado.

Película bastante difícil de visionar y de la que no tenía ningún tipo de referencia por lo que, dados el, para mí, mal escogido título y el año de producción de la misma pensé que se trataba del típico spaghetti western cómico. Pero tanto los títulos de crédito como el inició del largometraje me sacaron inmediatamente de mi error al aparecer intercalados junto a los créditos varios planos en los que se ve fusilar a cámara lenta a unos individuos delante de una tapia en la que se hacía referencia al proceso revolucionario (de hecho “¡Que viva México!“ era el título inicialmente previsto para el filme), para a continuación contemplar una escena en la que los militares persiguen y asesinan a un sindicalista. Y es que nos encontramos ante un aceptable zapata western que especula con los momentos inmediatamente anteriores a la toma de la ciudad de Zacatecas por el ejército villista (junio de 1914), hecho que supuso el golpe definitivo para la presidencia del general-dictador Huerta.

Como solía ocurrir en los zapata westerns y gracias al guión, entre otros, del propio Manzanos y de Scotese, que cuenta con unos diálogos más trabajados de lo habitual, la película sirve para reflexionar sobre la revolución y el valor de la misma como último recurso de las clases más desfavorecidas, en este caso el campesinado, los indios y peones que viven en unas condiciones infrahumanas cuando no son asesinados, para hacer justicia y acabar con unas leyes dictadas por los poderosos con el objeto de perpetuar su poder (en el largometraje se indica que sólo doscientas familias controlaban todo el estado mexicano); al mismo tiempo que se intenta llevar a cabo un paralelismo entre la situación de México a principios de siglo y el estado general del subcontinente sudamericano en la época de la realización del filme en el que proliferaron las dictaduras militares. Incluso se critica la injerencia del gobierno de los EEUU en este subcontinente al afirmar uno de los personajes que el embajador Wilson estuvo directamente implicado en el asesinato de Madero.

Sin embargo, la película, aunque plantea la revolución como única salida para combatir el abuso de poder, es tremendamente crítica con sus resultados, pues generalmente son las clases más desfavorecidas, en principio desideologizadas pero a la postre necesariamente protagonistas de la misma, las que se ven traicionadas sistemáticamente.

El largometraje hace hincapié, a través de la figura de Malpelo, en el proceso de ideologización de las clases oprimidas que, lógicamente, carecen de estudios (el propio Malpelo apenas sabe leer) y, en principio, no aspiran a cambiar la situación sino que ante tanta desmesura se han visto obligados a vivir fuera de la ley (de hecho Malpelo llega a afirmar en un momento dado que “Pancho Villa era también un bandido como nosotros”), subrayándose, de esta forma, la idea de que la línea que separa a los revolucionarios de los bandoleros es muy delgada. De ahí la importancia de una minoría ilustrada que canalice ese descontento, minoría que está representada tanto por Diego, un sobrino de militar y por tanto un burgués perteneciente a la clase dominante que, además, se ha formado en la Universidad de Berkley y representa al intelectual concienciado (ante la afirmación de que sus manos no son las de un trabajador no duda en responder que “No sólo se trabaja con la manos”, frase con la que reafirma cuál es su posición y su verdadera clase social), como de su primer contacto en suelo mexicano, un ex seminarista cuyo posicionamiento ideológico, basado en la condena de la pobreza y en los sistemas que la perpetúan deshumanizando al hombre, entroncaría con la incipiente, en el momento de realización del filme, corriente de la Teología de la Liberación.



Filme, por tanto, con un fondo muy atractivo pero, para mí, parcialmente fallido ya que se produce un claro desequilibrio con proliferación de escenas de carácter reflexivo, sobre todo en los dos primeros tercios del largometraje, y de relleno frente a las escenas de acción que lastran el desarrollo de la historia, a lo que se une la dirección carente de brío y ritmo por parte de Scotese, por lo que la película durante buena parte de su metraje pierde una de las características propias de este subgénero como es la agilidad narrativa y, tras un buen comienzo, se vuelve bastante premiosa. Pero, sorprendentemente, en el último tercio los acontecimientos se suceden a una gran velocidad y el director nos ofrece las mejores secuencias por su dramatismo, aquella en la que los dos protagonistas ven el pueblo arrasado por los hombres de Huerta, y espectacularidad, el enfrentamiento de los héroes con los hombres que les persiguen en la que se utiliza en algunos planos la cámara subjetiva; para llegar a las dos últimas escenas que creo sitúan a la película por encima de la media de este género y en la que contemplamos a un generoso, altruista, digno, honorable y concienciado con el valor de la revolución Malpelo para inmediatamente después cerrarse el film con una secuencia marcadamente desoladora y sarcástica que muestra la inutilidad del esfuerzo de los dos protagonistas como metáfora del fracaso del proceso revolucionario.

Desgraciadamente el largometraje cuenta con una limitación que afecta visiblemente a su conjunto, su exiguo presupuesto. De tal forma que da la sensación de que tanto los encargados de la decoración (la fiable sociedad Cubero-Galicia) como los responsables de la dirección de producción tuvieron verdaderos problemas para encontrar localizaciones y decorados que redundarán en la verosimilitud de la historia, sucediéndose escenas cuyas pobres localizaciones deslucen notablemente la película. Incluso la escasez de medios les lleva a no poder mostrarnos una batalla sino tan sólo su resultado.

Por el contrario, Marcelo Giombini compuso una acertada y apropiada banda sonora, con lo que las diferentes escenas de la película están muy bien orquestadas.

Por lo que respecta a los actores, nos encontramos con un enorme Eduardo Fajardo, en uno de sus escasos papeles protagónicos, dando vida de forma magistral al bandido Malpelo un hombre primitivo y tosco que ha hecho de la ley natural, la supervivencia de los fuertes, su norma de vida; pero que irá evolucionando tras conocer a Diego tomando conciencia del verdadero sentido del proceso revolucionario e implicándose en la misión de éste hasta el final. Lástima que como Diego, el joven intelectual implicado en la revolución, nos encontremos con el desconocido actor George Carvell que resulta bastante soso aunque se ve en este caso beneficiado por la labor de doblaje de Simón Ramírez. Junto a ellos una esforzada, aunque muy lejos de sus mejores interpretaciones, Charo López como Lupe, la amante de Malpelo que se verá atraída por la figura de Diego, y un veterano José Nieto aportando su oficio a la figura del capitán Orozco, el encarnizado perseguidor de los dos protagonistas

En resumen un interesante spaghetti, más por lo que apunta que por los resultados obtenidos, que se ve desgraciadamente lastrado por una paupérrima producción, pero con los suficientes aciertos para que sea recomendable su visión.

PUNTUACIÓN:


HISTORIA: 6
AMBIENTACIÓN: 3
DIRECCIÓN: 5
ACTORES: 6
MÚSICA: 6


MEDIA: 5,2