viernes, 28 de septiembre de 2012

SHALAKO

Shalako
1968
Inglaterra-Alemanía
Director: Edward Dmytryk
Reparto: Sean Connery, Brigitte Bardot, Stephen Boyd, Jack Hawkins, Peter van Eyck, Honor Blackman, Wood Strode, Eric Sykes, Alexander Knox, Valerie French, Julian Mateos, Donald Berry, Rodd Redwing, 'Chief' Tug Smith, Hans De Vries, Charles Stalnaker, Bob Cunningham, John Clark, Bob Hall, Juan Terron
Guión: Louis L'Amour, J.J. Griffith, Hal Hopper, Scot Finch
Fotografía: Ted Moore
Música: Robert Farnon

SINOPSIS: Ante los abusos cometidos por un grupo de aristócratas europeos de cacería en Nuevo México, los indios del territorio se ponen en pie de guerra. Diezmados y engañados por sus guías, la única esperanza de los nobles la constituirá Shalako, un antiguo oficial del ejército que intentará protegerlos y evitar su muerte.
Producción germano-británica de 1968 que obedece a un proyecto personal de Euan Lloyd basado en una novela del escritor especializado en relatos ambientados en el Oeste Louis L’Amour, al que Lloyd conocía personalmente gracias a Alan Ladd y del que adaptó tres libros para la gran pantalla, la película que nos ocupa y las ya comentadas en este blog “Catlow-El oro de nadie” (Sam Wanamaker, 1971) y “Un hombre llamado Noon” (Peter Collinson, 1973), todas ellas rodadas en España; para posteriormente producir dos de sus mayores éxitos bajo la dirección de Andrew Victor McLaglen, los filmes bélicos “Patos salvajes” (1978) y “Lobos marinos” (1980).
En un principio estaba previsto que los personajes principales los interpretaran Henry Fonda y la austríaca Senta Berger, así como que el rodaje se llevara a cabo en México, pero problemas financieros (parece ser que las distribuidoras no deseaban la presencia de Fonda, y rodar en el país norteamericano era bastante caro), decidieron al productor trasladarse a Almería, donde se rodaron los exteriores, mientras que para  los escasos interiores se utilizaron los famosos y prestigiosos Estudios Shepperton. Además Lloyd consiguió sumar al proyecto a la poderosa productora alemana Central Cinema Company Film (CCC), responsable de algunos westerns europeos de concepción clásica y factura técnica más que aceptable como “La última batalla de los apaches” (película de 1964 sobre el jefe apache Winnetou creado por Karl May), o las también comentadas en este blog “Un lugar llamado Glory” (filme de 1965 que obtuvo un gran éxito y fue uno de los primeros euro westerns estrenados en Estados Unidos) y “La balada de Johnny Ringo” (largometraje de 1966 protagonizado, igual que los otros dos, por el ex Tarzán Lex Barker, aquí en un papel negativo). Asimismo los actores inicialmente previstos fueron sustituidos por dos estrellas europeas que en ese momento gozaban de una grandísima popularidad: el bondiano Sean Connery y la sex symbol Brigitte Bardot, uno de los mayores mitos eróticos europeos desde que protagonizara “Y Dios creó la mujer” (Roger Vadim, 1956).
Como director se escogió Edward Dmytryk, realizador nacido en Canadá con películas del nivel de “Historia de un detective” (1944) y “Encrucijada de odios” (1947), que, tras protagonizar una actitud poco ejemplar ante la bochornosa Comisión de Actividades Antiamericanas delatando a antiguos compañeros del Partido Comunista Americano, rodaría tres westerns: la magnífica “Lanza rota” (1954), un remake ambientado en el Far-west y protagonizada por Spencer Tracy y Richard Widmark de “Odio entre hermanos” (Joseph Mankiewicz, 1949), superior para mí al original; la estupenda “El hombre de las pistolas de oro” (1959) que, con un trío masculino protagonista insuperable: Richard Widmark, Henry Fonda y Anthonny Quinn, adaptaba la novela finalista del Pulitzer “Warlock” escrita por Oakley Hall; y la aceptable “Alvarez Kelly” con, de nuevo, Richard Widmark acompañado en esta ocasión por William Holden interpretando al ganadero que prestaba su nombre al título de la película. Por tanto Dmytryk, dadas su solvencia y experiencia en el género, parecía un director muy apropiado para filmar este western, máxime teniendo en cuenta que ya había rodado algunas películas en Europa.

Si a estos nombres se les añaden otros del prestigio del director de fotografía Ted Moore, responsable entre otros de los títulos de James Bond, que parece ser fue recomendado por el propio Connery, o de Ron Beck como jefe de vestuario, está claro que nos encontramos ante un proyecto muy serio, máxime teniendo en cuenta que el coste de la película superó los cinco millones de dólares. Para que os hagáis una idea “La muerte tenía un precio” costó alrededor de seiscientos mil dólares, “El bueno, el feo y el malo” aproximadamente un millón doscientos mil y una producción de tipo medio oscilaba entre los ciento veinte mil y los ciento ochenta mil; es decir, que prácticamente podemos estar hablando de una superproducción dentro del subgénero del western europeo. 
Por todo ello, la decepción tras verla ha sido mayor, ya que nos encontramos ante un western que, para mí, no pasa de correcto. Es verdad que cuenta con un empaque formal superior a la media y que técnicamente está bien hecho, destacando la labor del mencionado Moore que saca un gran partido a la belleza de los paisajes almerienses, pero creo que es lo mínimo que se puede pedir a este tipo de producciones; mientras que, por el contrario, los elementos más importantes de una película, la dirección y el guión, no están a la misma altura.
Así, el guión escrito por el actor James Griffith junto a, entre otros, al también actor y especialista en adaptar novelas de L’Amour, Scott Finch se muestra bastante original en la primera parte de la película para a medida que transcurre ésta transformarse en más convencional, reduciendo la historia a la típica y anodina película de aventuras con un grupo heterogéneo de individuos que intentan sobrevivir en un territorio hostil acechados por enemigos que le superan en número, e incluso cuenta con la típica y fallida escena de amor cargada de frases ridículas, para desembocar en un final algo decepcionante por previsible.
En cuanto a la dirección, Dmytryk muestra su decadencia al limitarse de forma fría y rutinaria a plasmar en imágenes el guión, y sólo en contadas ocasiones, como en el asalto apache al rancho defendido por los europeos, da muestras de un cierto talento; además de recurrir a los peores tics del spaghetti y acusar cierta tendencia al efectismo más facilón.
La parte más destacable e interesante del filme, como señalé anteriormente, se encuentra al principio del mismo ya que a través de un hecho histórico como eran las cacerías y viajes organizados en países “exóticos” para los miembros de las clases altas europeas (al inicio de la película se hace alusión a estos viajes citándose como participantes a personas tan ilustres como Oscar Wilde, Charles Dickens o Rudyard Kipling, acérrimo defensor de la supremacía del hombre blanco) y también mediante los principales personajes se va a llevar a cabo una mirada crítica a la época colonial y a las sociedades que la sustentaban. Así se va a presentar a los europeos como seres prepotentes que, en su soberbia, se consideran superiores a los nativos, por los que sólo sienten desprecio; individuos clasistas y racistas cuya forma de pensar queda resumida en la actitud del embajador que afea la conducta de su mujer al advertirla de que: “No debes hablar con estos asalariados. Limítate a hacerlo con los de nuestra clase”. Y todo ello en un contexto histórico en el que las grandes potencias europeas, representadas sobre todo por Francia e Inglaterra, habían extendido su presencia y poder a través de las colonias de explotación y poblamiento por todo el mundo (Francia, por ejemplo había prácticamente conseguido su sueño de crear un imperio que atravesaba el continente africano de este a oeste, además de tener una fuerte presencia en el Próximo y Medio Oriente y en el Sudeste Asiático, mientras que Gran Bretaña se había expandido de norte a sur en África y estaba a punto de iniciar su proyecto más ambicioso con la construcción de un tren que enlazara El Cairo con Ciudad del Cabo, además de también explotar sus colonias en la Península Arábiga y en la zona de la India y contar con colonias de poblamiento en Australia y Canadá). Al mismo tiempo que se efectúa esta crítica al colonialismo, y a través del grupo heterogéneo que conforman los principales personajes, el filme refleja los profundos cambios que se estaban produciendo en el interior de las sociedades de los países de Europa, fundamentalmente en la Inglaterra Victoriana, en las que frente a la denominada upper class compuesta por una trasnochada, clasista y anclada en el pasado nobleza, representada en el filme por los prepotentes aristócratas británicos y rusos, emergía con fuerza la burguesía, clase social más moderna y acorde con los tiempos de cambio que se vivían cuyos valores principales lo constituían el esfuerzo y el talento, que en este caso aparece representada a través de los personajes de Furton y, sobre todo, Shalako. Así, la incapacidad para adaptarse por parte de los nobles europeos al salvaje Oeste, cuyas reglas no acaban de entender, constituye una clara metáfora del fin de una época y de una clase social dominante por razones de sangre. Lástima que este interesante planteamiento se diluya a lo largo del filme.
Como solía ocurrir en este tipo de superproducciones se contó con un gran elenco actoral. Al frente del reparto dando vida al personaje del título de la película, cuya presentación me recordó al inicio de “Los valientes andan solos” (David Miller, 1962), el escocés Sean Connery, para mí uno de los mejores actores vivos, que intentaba abandonar su imagen como el Agente 007. Creo que ofrece un rendimiento muy inferior al que nos tiene acostumbrados al mostrarse sólo correcto, quizás porque su personaje carece de la ironía y la sorna tan propias de sus mejores actuaciones, pero el caso es que parece desubicado y, en algunos momentos, incómodo como el ex coronel del ejército que, a pesar de entender a los indios, hará todo lo posible para evitar el aniquilamiento de los arrogantes europeos en manos de éstos. Brigite Bardot aporta poco más que su belleza al personaje de la condesa rusa Irina Lazaar, e incluso protagoniza una escena un tanto erótica en la que muestra su espalda desnuda. La verdad es que, dadas sus limitaciones, tampoco creo que se le pudiera pedir más. El gran actor británico Jack Hawkins, habitual en superproducciones de la talla de “El puente sobre el río Kwai” (David Lean,1957), “Ben Hur” (William Wyler,1959), “Lawrence de Arabia” (David Lean,1962), “Zulú” (Cy Endfield, 1964) o “Lord Jim” (Richard Brooks, 1965) como sir Charles Dagget, ejemplo de esta aristocracia caduca e hipócrita, se muestra bastante cansado ofreciéndonos una actuación un tanto desfallecida, actuación en la que pudo influir su reciente operación de un cáncer de laringe. Sin embargo, y para compensar, creo que rayan a gran altura Stephen Boyd, presencia habitual del western hecho en Europa en la década de los setenta e inolvidable Messala en la mencionada superproducción “Ben-Hur”, como Bosky Futon, el desleal y traicionero guía. Un personaje muy interesante pero poco desarrollado. Peter Van Eyck, actor especializado en interpretar oficiales alemanas, que da vida al altanero barón Frederick Von Hallstatt, un individuo que muestra su desprecio por los nativos (cuando Shalako le recuerda que existe un tratado con los indios no duda en afirmar: “¿Tratado? No queremos tratar con salvajes”) y continuamente reivindica su condición (en una escena se dirige a Irina recordándole que “Somos de una recia estirpe”, para más tarde negarse a entregar a Fulton su anillo porque contiene el escudo de su familia); no obstante es un personaje que muestra nobleza y el único que evoluciona a lo largo de la película mostrando su capacidad de adaptación. La otrora chica Bond Honor Blackman en el papel de Lady Dagget, esposa de Charles, que caerá rendida ante los encantos de Bosky Fulton. Y Eric Sykes, perfecto como el mayordomo, un personaje cómico y un tanto esperpéntico encargado de servir las lujosas comidas de los europeos (su presentación le define claramente, ya que en mitad de una cacería en Nuevo México su máxima preocupación es la imposibilidad de servir el champagne a la temperatura adecuada). Junto a ellos un joven Julián Mateos y la siempre gratificante presencia de Woody Strode, también habitual de los westerns hechos en Europa, como el improbable indio Chato. La verdad es que choca un poco ver a un actor de raza negra interpretando a un indio, pero lo cierto es que en “Dos cabalgan juntos” (John Ford, 1961) ya había interpretado a un piel roja, e, incluso, en “Gengis Khan” (1965) y en “Siete mujeres” (1966), también dirigida por el maestro Ford, lo pudimos ver como un mongol. 
La banda sonora compuesta por Robert Farnon cuenta con un aceptable tema principal que se escucha en diversas versiones, incluida una cantada por Jim Dale que recuerda ligeramente al tema “New York, New York” del musical “Un día en Nueva York” (Stanley Donen, 1949) pero menos revolucionado.
Tengo la copia puesta a la venta por Diamond Light que respeta el formato original y cuenta con una imagen y un sonido sólo correctos, además de carecer prácticamente de extras.
En resumen un euro western un tanto decepcionante por los nombres que figuran en él, los medios técnicos de los que se dispusieron y el presupuesto con el que se contó, pero que cuenta con los suficientes aciertos (la original primera parte ya comentada o algunas escenas de acción como el también comentado asalto al rancho y el ataque a la diligencia) para hacer pasar un buen rato si el receptor del mismo no es muy exigente.

PUNTUACIÓN:
HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 5
ACTORES: 6
MÚSICA: 5
MEDIA: 5,4   

miércoles, 26 de septiembre de 2012

HECHO EN EUROPA


El presente volumen supone emprender un viaje hacia el cine popular y de género hecho en Europa durante el período 1960-1979, cuando el viejo continente ofertaba sin complejos westerns, films bélicos, policíacos, cintas de aventuras, de capa y espada, de piratas, de sucedáneos de Tarzán, de superhéroes enmascarados y superagentes mediterráneosen la estela de James Bond… compitiendo holgadamente con el todopoderoso Hollywood. 
Coordinado por Javier G. Romero, director de “Quatermass”, y escrito por un equipo de once especialistas, este libro –ilustrado con 300 fotografías, en su mayor parte inéditas– depara emociones que van de lo puramente nostálgicoa lo desconcertante e inusual, mediante un repaso documentado, riguroso y amenoa la edad de oro del cine de género europeo.

HECHO EN EUROPA. CINE DE GÉNEROS EUROPEO, 1960-1979
Coordinador: Javier G. Romero
Prólogo: Jesús Parrado
Autores: Carlos Aguilar, Joan Bassa, Pablo Fernández, Tomás Fernández Valentí, Ramón Freixas, Ángel García Romero, Pablo Herranz, Alfredo Lara López, Antonio José Navarro, Nino Ortea, Javier G. Romero
Formato: 15 x 20,5 cm.
Páginas: 144
Fotografías: 300
Encuadernación: rústica cosida a hilo
PVP: 12 euros
ISBN: 978-84-96906-19-8
Edita: Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular. Ayuntamiento de Gijón


miércoles, 19 de septiembre de 2012

CJAMANGO EL VENGADOR


Cjamango el vengador( Chiedi perdono a Dio…non a me)
 1968
Italia
Director: Vincenzo Musolino 
Reparto: George Ardisson, Anthonny Gidra , Cristina Iosani, Ignazio Spalla, Gaetano Cimarosa, Pietro Martellanza, Luigi Pavese, Lilli Lembo, Jean Louis

Guión: Vincenzo Musolino 
Musica: Felice di Stefano

Fotografía: Mario Mancini 

Producción italiana de 1968 más conocida por su título original “Chiedi perdono a Dio…non a me” debida a dos pequeñas compañía, CIO e Intercontinental Production, rodada a caballo entre Almería (los exteriores) e Italia y dirigida, bajo su seudónimo habitual de Glenn Vincent Davis, por el calabrés Vicenzo Musolino, un hombre de cine prematuramente desaparecido (1930-1969) que comenzó como actor para, posteriormente, especializarse en labores de escritor y guionista, y terminar por dirigir sus dos últimos filmes dentro de este subgénero, la película que nos ocupa y al año siguiente, la para mí desconocida, “Quintana”.
Durante dos años formó un prolífico tándem centrado en el euro western con Edoardo Mulargia en el que ejerció como guionista y productor, mientras el segundo, aparte de coescribir el guión de algunas, se encargó de la dirección, dando lugar a cuatro spaghettis, “Vete con Dios, gringo” de 1966, y en 1967 “¿Por qué seguir matando?”, “Cjamango” (ambas con sus correspondientes comentarios en este blog) y “Non aspettare Django, spara”. Precisamente la ruptura profesional entre ambos tuvo lugar a raíz de las profundas desavenencias que surgieron en relación con “Cjamango el vengador”; película que, por otra parte, puede entenderse como un compendio de dos de los anteriores westerns producidos por Vicenzo Musolino (“Non aspettare django, spara” no la he visto por lo que no puedo opinar sobre ella) puesto que retoma de “Cjamango” al personaje principal, mientras que de “¿Por qué seguir matando?” hace lo propio con la base argumental; sobre todo en relación con la antigua rivalidad y enemistad existente entre los McDonald y los Stuart,  familias pertenecientes a clases sociales muy diferentes, y representada fundamentalmente en los jefes de ambos clanes, protagonistas de un enfrentamiento en el pasado que postró en una silla de ruedas a uno de ellos. Con lo que se puede hablar de una especie de díptico en el que Mussolino se centra en sentimientos como el odio o la venganza y las funestas consecuencias derivados de los mismos.
SINOPSIS: Mientras Cjamango visita el pueblo más próximo a su rancho los miembros de su familia, los McDonald, son brutalmente asesinados por los hermanos Smart y sus secuaces que habían sido contratados por el jefe del clan rival, los Stuart. A partir de ese momento Cjamango, con la ayuda de un poco convencional cazador de recompensas llamado Barrica, no cejará hasta acabar con todos ellos.

Estamos, por tanto, ante otro spaghetti que, como señalé en un párrafo anterior, aborda los sempiternos temas del odio y la venganza, pero en esta ocasión, y de forma aún más evidente que en sus anteriores spaghettis, su director y guionista trata de articular un discurso que muestre la inutilidad de ambos sentimientos, puesto que el protagonista se ve envuelto en un círculo prácticamente sin fin que sólo genera más muertes. Así, si en un primer momento a Dick Smart, cabecilla de los asesinos de la familia de Cjamango, le mueve el dinero, a partir del asesinato por parte de Cjamango de su hermano Jack, su motivación principal será, como la del protagonista, la de vengar su muerte, por lo que se produce una clara aproximación moral entre ambos personajes que reaccionan de igual forma ante hechos semejantes, sembrando la destrucción y , por ende, más sufrimiento, incluso en personajes inocentes como el de Conchita, la mujer de uno de los hombres de Dick que participó en el asesinato de los McDonald.
Este tono de parábola sobre las consecuencias de la venganza, que tan sólo genera más muertes y mayor odio, queda claramente expuesto tanto en el inicio del filme en el que, mientras vemos los títulos de crédito, podemos escuchar una voz en off decir: “Un día una tempestad me devastó y me arrebató la vida. La muerte comenzó a cabalgar su caballo loco y a sembrar muerte y destrucción. Parecía que las llamas del infierno hubiesen incluso ascendido a la tierra para quemar absolutamente todo”; como en el final, ya que, al igual que le ocurría al sheriff Kane en el clásico “Solo ante el peligro” (Fred Zinnemann, 1952), el protagonista asqueado, en esta ocasión, por tantas muertes arroja su colt al suelo y se marcha en un carro de caballos con su novia para emprender una vida alejada del odio y de la destrucción.
Incluso, por lo que he leído, existe una versión más larga de la que he visto que refuerza el posicionamiento moral del directo-guionista-productor respecto a la violencia y la venganza al comenzar en un cementerio en el que un anciano Cjamango, a modo ejemplarizante, relata su vida a un joven llamado Manuel que pretende vengar a sus padres. Este inicio, curiosamente, entroncaría con “Diez horcas para un pistolero” rodada un año antes por Luigi Capuano, en el que un joven mejicano, llamado Manuel, vengaba el asesinato de sus padres acaecido cuando era un niño. Curiosamente, además, el spaghetti que nos ocupa retomaría también la historia de amor a lo Romeo y Julieta desarrollada en el filme de Capuano, al presentarnos al protagonista y a su ex novia obligados a permanecer separados debido al odio que se profesan sus respectivas familias.
Spaghetti, por tanto, con un fondo muy interesante pero que desgraciadamente Musolino no sabe desarrollar, quizás en parte por el reducido presupuesto que le obliga a rodar en escasas localizaciones, y termina por tratarlo de forma banal y sin profundizar. Además a lo largo de la película se aprecia una clara falta de ideas, por lo que se recurre durante gran parte del metraje a los típicos clichés del spaghetti y a las situaciones mil veces vistas: la partida de póker preludio de un duelo, la paliza al antihéroe, las interminables cabalgadas, a lo Demofilo Fidani, de un lado para otro sin que sepamos muy bien hacia dónde se dirigen los caballistas, etc; y a todo ello hay que añadir las múltiples referencias a otras películas como, además de las dos anteriormente citadas producidas por Musolino o a la dirigida por Capuano mencionada en el párrafo anterior, a las ya reseñadas en este blog “Django” y su precuela oficial “El clan de los ahorcados” no sólo en el nombre del protagonista que remite claramente al personaje creado por Corbucci sino sobre todo en el espectacular final en el que una ametralladora cobra vital importancia, ”La muerte tenía un precio” puesto que nos encontramos con una pareja protagonista que pretende acabar con unos bandoleros por motivos diferentes, la venganza en el caso de Cjamango y el cobro de las recompensas que ofrecen por ellos en el caso de Barrica, o “Johnny Yuma” en la construcción del personaje de Barrica, un oportunista que se aprovecha del odio de Cjamango para cobrar la recompensa de los bandidos, que presenta claras semejanzas con el personaje de Fidel.
Por otra parte, la película cuenta con un ritmo desigual, con un inicio muy interesante y un primer tercio vibrante estructurado de forma casi episódica en la que Cjamango, como ocurre en “Joko invoca a Dios… y muere" (película dirigida ese mismo año por Antonio Margheritti y también comentada), va encontrando a los diferentes miembros de la banda y acabando con ellos, para sufrir un estancamiento en la parte central y remontar con el gran final. Mientras que en su haber debe anotarse la cuidada puesta en escena en gran parte del metraje, con bellos planos, acertados movimientos de cámara y correcta utilización de la grúa, y una aseada banda sonora compuesta por Felice de Steffano, músico habitual en los westerns de Musolino, variada y ajustada a los hechos narrados, en la que destaca un tema épico bastante resultón, otro en el que predomina la trompeta con un fuerte carga de tristeza y uno de corte cómico que se asocia con Barrica.
Por lo que respecta a los actores, para dar vida a Cjamango se escogió al para mí limitadísimo George Ardisson , actor bastante inexpresivo e incapaz de mostrar los sentimientos de su personaje .
Como su principal antagonista, Dick Smart, nos encontramos con el serbio Anthonny Gidra que vuelve a demostrar su solidez como actor (no en vano gozó de un gran prestigio en su país como demuestra el hecho de que esté enterrado en el callejón de ciudadanos celebres del cementerio nuevo de Belgrado). Junto a ellos un gran Ignazio Spalla, bajo el seudónimo de Pedro Sánchez, da vida a Barrica, un curioso cazador de recompensas que sirve como contrapunto cómico en una historia caracterizada por su tono amargo y que no suele utilizar las armas, ya que para él: “No basta con ser bueno con la pistola. Usar el cerebro es lo más importante”. En colaboraciones especiales aparecen Pietro Martellanza, alias Peter Martell, en una de las mejores interpretaciones que le he visto como Jack, el alcoholizado y torturado hermano de Dick eternamente perseguido por cazadores de recompensas, un personaje muy interesante pero escasamente desarrollado que parece anunciar al interpretado por Robert Woods en “El Puro se sienta, espera y dispara” (película, ya comentada, dirigida en 1969 por Eduardo Mulargia) o al protagonista de la magnífica “La noche de la serpiente” que, dirigida por Giulio Petroni en 1969, también cuenta con su oportuna reseña; y Tano Cimarosa que, como uno de los bandidos de Dick, protagoniza una de las escenas más violentas y conseguidas del filme en la que el protagonista recita la frase que da titulo a la película. Mientras que el principal papel femenino recayó en Cristina Iosani, a la que ya había visto en spaghettis de bajo presupuesto como las reseñadas “Mi nombre es Pecos” (1967), “El último maldito” (1967), “Un par de asesinos” (1970) y “La bestia” (1970).
Como curiosidades comentaros que el personaje interpretado por Anthony Gidra se llama igual que el protagonista de un pseudobond dirigido el año anterior por Franco Prosperi al que dio vida Richard Wyler, y que como ayudante de dirección aparece Aldo Lado, cineasta que dirigió a principios de los setenta dos interesantísimos giallos: la desoladora “La corta noche de las muñecas de cristal” (1971) y la sobrecogedora “¿Quién la ha visto morir?” (1972)
En definitiva, creo que estamos ante una buena idea malograda por la falta de presupuesto para llevarla a cabo y por un guión superficial y cargado de tópicos. No obstante, creo que contiene suficientes elementos, entre ellos una fuerte carga de violencia y un final espectacular, para no defraudar a los aficionados al género.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 6
MÚSICA: 6
MEDIA: 5,6   

martes, 18 de septiembre de 2012

BOLSILIBRO Y CINEMA BIS


La fecunda relación entre la novela popular europea y el cine de género continental ha ejercido, desde siempre, una hipnótica fascinación sobre millones de lectores y espectadores. “Bolsilibro & Cinema Bis” recorre esta bulliciosa simbiosis literario/cinematográfica a través de sus mitos más perdurables, generadores de inolvidables películas. Personajes como Fantomas, Fu-Manchú, Jerry Cotton, OSS 117, Mabuse, el Comisario X, Perry Rhodan, Sandokán, Angélica, Lemmy Caution... y escritores como Sax Rohmer, Edgar Wallace, Emilio Salgari, Jean Ray o Maurice Leblanc, entre muchos otros, forman parte de este
volumen coordinado por Javier G. Romero, director de "Quatermass". 

No obstante el eurowestern tiene una presencia especial, pues se repasan los autores emblemáticos y sus adaptaciones a la pantalla (firmantes de la obra original o sólo como guionistas): desde Marcial Lafuente Estefanía, hasta Silver Kane, pasando por los legendarios Karl May —creador de Winnetou, llevado al cine en una longeva saga iniciada con El tesoro del lago de la plata (1962)— José Mallorquí —El Coyote (1955), La justicia del Coyote (1955), Cabalgando hacia la muerte (1962), El sheriff terrible (1962), Brandy (1963), Winchester, uno entre mil (1966), El hombre que mató a Billy el Niño (1966)—, Eddie Thorny —El hombre de la diligencia (1964)—, Clark Carrados —El secreto del capitán O’Hara (1964)—, Ralph Barby —Cinco mil dólares de recompensa (1972)—, Keith Luger —El juez de la soga (1973), Uno para la horca (1974)—, Lou Carrigan —Veinte pasos para la muerte (1969), La diligencia de los condenados (1970), Un colt por cuatro cirios (1971), Los buitres cavarán tu fosa (1972)—, Cliff Bradley —El sabor de la venganza (1963), Los rurales de Texas (1964), Ringo de Nebraska (1966), El escuadrón de la muerte (1967), La venganza de Clark Harrison (1966)—…

Escrito por un equipo de seis especialistas, "Bolsilibro & Cinema Bis" cuenta, además, con 380 fotografías (en su mayor parte inéditas y que aglutinan imágenes y carteles de películas, así como portadas de novelas) y prólogo de uno de los más destacados autores de la novela popular: el mítico Lou Carrigan.


FICHA TÉCNICA DEL LIBRO

Coordinador: Javier G. Romero
Asesor: Pablo Herranz
Prólogo: Lou Carrigan
Autores: Carlos Aguilar, Pablo Fernández, Pablo Herranz, Alfredo Lara López, Pedro Porcel, Adrián Sánchez
Formato: 15 x 20,5 cm.
Páginas: 152
Fotografías: 380 (BN y color)
Encuadernación: rústica cosida a hilo
PVP: 12 euros
ISBN: 978-84-964-4141-5
Edita: VTP Editorial (www.vtpeditorial.com)

miércoles, 12 de septiembre de 2012

TODOS PARA UNO, GOLPES PARA TODOS



Todos para uno, golpes para todos (Tutti per uno... botte per tutti)
1973
España/Italia/Alemania
Director: Bruno Corbucci
Reparto: Giancarlo Prete, George Eastman, Eduardo Fajardo, Karin Schubert, Cris Huerta, Leo Anchóriz, Chen Lee, Carlo Rustichelli, Peter Berling, Vittorio Congia, Eleonora Giorgi, Osiride Pevarello, Pietro Tordi, Max Turilli.
Guión: Bruno Corbucci, Tito Carpi, Leonardo Martino, Peter Berling
Fotografía: Rafael Pacheco
Música: Carlo Rustichelli

Coproducción italo-hispano-alemana de 1973 encuadrada dentro del spaghetti western bufo dirigida por Bruno Corbucci, hermano de Sergio Corbucci y prolífico escritor (participó en más de ciento treinta guiones de películas entre los que destacan, dentro de este subgénero, “Django”, “Odio por odio”, “Johnny el vengador” o “El gran silencio”, todas ellas ya comentadas). Mientras que como director cuenta con más de cincuenta películas en su haber entre las que podemos señalar su debut con los dos filmes sobre el detective James Tont, personaje paródico de James Bond interpretado por Lando Buzzanca, la saga de once filmes coescritas por él y Mario Amendola sobre el heterodoxo y extravagante inspector Nico Giraldi al que dio vida Tomas Milian, y algunos largometrajes protagonizados por Terence Hill y/o Bud Spencer (“Como el perro y el gato” de 1983, “Dos superpolicias en Miami” de 1985).

Dentro de este subgénero dirigió tres spaghettis, el paródico “Héroes a la fuerza” (1966) con, de nuevo, Lando Buzzanca, la muy estimable “Dispara, Gringo, dispara” de 1968 que, conocida también como “Stark el Pistolero”, es su mejor aportación al euro western, y la película que nos ocupa.

SINOPSIS: El joven Dart Clotheswater, recién nombrado ranger de Texas, abandona su pueblo situado en Cheese Valley para encontrarse con tres amigos de su padre. En una posada se enterará casualmente de los planes del banquero Riche LeDuque consistentes en hacer llegar ilegalmente una fuerte suma de dinero al dictador mejicano Ortega. A partir de ese momento, junto a sus tres amigos, intentará abortar los planes de Duke apoderándose del oro que transporta camuflado en un carromato de la Cruz Roja la bella Alice Fergusson.


La película pretende ser una adaptación muy libre de la inmortal novela de aventuras escrita por Alejandro Dumas en 1844 “Los tres mosqueteros”. De hecho el título en español hace referencia a la más famosa frase de la novela y, a su vez, lema de los protagonistas; mientras que en inglés se la conoce por “The three musketeers of the West”. No obstante las semejanzas con la novela son escasísimas y casi anecdóticas: el arranque con un rústico y desaliñado protagonista que abandona su pueblo natal (en la obra de Dumas contará con un viejo penco mientras que aquí monta un burro bastante cabezota) para enrolarse en un cuerpo militar (en el filme los rangers de Texas y en la novela los mosqueteros); el nombre de los principales personajes (los ex rangers amigos de su padre se llaman Mac Athos, Aramirez y Portland, mientras que el principal personaje negativo es Richie LeDuque en clara alusión el cardenal Richelieu, aunque en este caso se trata de un banquero con lo que se da a entender que el poder de la iglesia durante el Antiguo Régimen es ostentado ahora por los banqueros, representantes del gran capitalismo en el siglo XIX, capaces de provocar guerras y favorecer la llegada al poder de individuos que les sean proclives), la caracterización de ciertos personajes, así se nos presentan Aramirez y Portland como, respectivamente, un mujeriego y un glotón, mientras que Alice es tan pérfida y malvada como Milady de Winter; y algunas situaciones como el primer encuentro poco amistoso del protagonista con los ex rangers o el intento de hacerse con el oro para evitar que caiga en manos del dictador (una de las partes de la novela se centraba en el desesperado intento de recuperar unos herretes de diamantes que podían poner en una situación muy delicada a la reina e incluso provocar un conflicto diplomático con Gran Bretaña). Pero, en realidad, no nos encontramos con una película de aventuras trasladada al universo del western sino con el típico spaghetti cómico realizado tras el éxito de las dos entregas de Trinidad y que pretende, sin conseguirlo, copiar su fórmula y aprovecharse de su fama. Incluso a lo largo de la película se pueden rastrear algunos guiños a ambas películas como la escena en la que el protagonista come las inevitables judías, aquella en la que Mac Athos demuestra sus habilidades con las cartas al igual que lo hiciese Trinidad, o la presentación del antihéroe como un individuo mujeriego, irresponsable, sucio y algo anárquico.

Además, los guionistas, entre los que se encuentran el propio director, el prolífico Tito Carpi y Peter Berling, autor de la exitosa pentalogía “Los hijos del Grial”, no contentos con mezclar la obra de Dumas con los filmes de Barboni, introducen, siguiendo también otra de las tendencias del spaghetti durante los primeros años de los setenta, elementos del cine de artes marciales con una escena larguísima, rodada por lo que he leído en Taipei, que se desarrolla en un pueblo habitado por chinos expertos en kung-fu, y en la parte final del filme, que se ubica en un Méjico revolucionario controlado por el general-dictador Ortega, otros propios del zapata-western. Incluso la secuencia inicial se puede entender como un homenaje a los musicales norteamericanos y, en concreto, a “Siete novias para siete hermanos” (Stanley Donen, 1954)

El resultado, para mí, es un pastiche cómico basado en un humor pueril, tontorrón y chusco, en el que todo vale y cuya máxima expresión son las larguísimas y aburridísimas peleas, incluida la inicial en la que unos quesos sustituyen a las típicas tartas de las películas mudas o aquella con la que se cierra el largometraje que tiene como protagonistas a los miembros de un circo alemán, que dan lugar a una película tediosa consistente en repetir hasta la saciedad las mismas situaciones, ante las que nada puede hacer una correcta puesta en escena por parte de Corbucci.

Por lo que respecta a la banda sonora de Carlo Rustichelli para mí se eleva un poco por encima del resultado final, siendo llamativo el homenaje al gran Dimitri Tiomkin en la secuencia del pueblo de los chinos en la que se escucha el tema de “Degüello” que orquestó tanto “Río Bravo” como “El Álamo”.

En cuanto a los actores, creo que dado el producto se limitan a estar por ahí y cumplir como buenamente pueden. Como protagonista nos encontramos con Timothy Brent, en realidad Giancarlo Prete, un actor bastante limitado al que ya había visto en la comentada en este blog “Persecución mortal” (Lorenzo Gica Palli, 1971) y en la también humorística e igualmente olvidable “Tedeum” (Enzo G. Castellari, 1972). En el largometraje encarna a un atolondrado Dart al que le gusta citar proverbios, tan escasamente ingeniosos como poco divertidos, del estilo de: “Al aroma del queso de oveja, el ladrón asoma la oreja”, “Si dejas escapar la ocasión, no eres listo sino tontorrón” o “El que no mea en compañía, es un ladrón o un espía”. Dando vida a los tres ex rangers nos encontramos con interpretes habituales de este subgénero como el italiano Luigi Montefiori alias George Eastman, Mac Atos, el español Leo Anchoriz, Aramirez, o el portugués Chris Huerta, una especie de remedo de Bud Spencer especializado en sus últimos spaghettis de corte cómico en personajes glotones y fuertotes que solían acompañar al héroe, como Portland. El principal y único personaje femenino fue encomendado a la alemana Karin Schubert, actriz a la que se la pudo ver en la también reseñeda “Los compañeros” (Sergio Corbucci, 1970), que terminó especializándose tanto en filmes softcore (“Emanuelle negra”, “Emanuelle alrededor del mundo”) como, en los años ochenta, hardcore (“Morbosamente vostra”, “Il vizio nell ventre”, “Orgien der vollust”) y protagonizando varios intentos de suicidio en los noventa. El cupo español se completa con un poco inspirado e histriónico Eduardo Fajardo como Richie LeDuque y con José Canalajes en el papel de un pistolero.

Como curiosidades señalaros que en el intervalo desarrollado en el pueblo chino aparece Chen Lee que protagonizaría ese mismo año la ya reseñada “Mi nombre es Shangai Joe”, una especie de fusión entre western y cine de artes marciales dirigido por Mario Caiano, y que, como haría el propio Dumas en “Veinte años después” y “El vizconde de Bragelonne”, en la escena final se nos anuncia una segunda parte sobre las correrías de los cuatro rangers, aunque no sé si se trataba de una broma o el proyecto no terminó por materializarse ya que no he encontrado información alguna sobre esa posible secuela.

En definitiva creo que estamos ante un disparate de euro western sólo apto para aquellos acérrimos seguidores de este subgénero que quieran comprobar el grado de degradación al que se llegó en el western hecho en Europa.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 1
AMBIENTACIÓN: 3
DIRECCIÓN: 4
ACTORES: 2
MÚSICA: 5

MEDIA: 3

jueves, 6 de septiembre de 2012

Gerard Tichy



 Actor alemán nacido en plena República de Weimar (1920) en Weissenfels a. Saale y cuyo verdadero nombre era Gerhard Johannes Alexander Tichy Wondzinski. 

Atraído por el mundo del arte de joven compagina la poesía, escultura, pintura y el teatro, actividades que abandona tras estallar la Segunda Guerra Mundial enrolándose como soldado desde el primer momento. Durante el conflicto bélico obtiene los galones de teniente, además de ser condecorado con la prestigiosa “Cruz de Hierro”.

Tras finalizar la contienda se escapa del campo en el que estaba confinado y llega a España en donde desempeña varios trabajos hasta que, gracias a un compatriota, participa en su primer largometraje (Neutralidad, 1949) en el que interpretó a un oficial alemán. A partir de ese momento desarrolló una fructífera carrera con más de cien títulos entre largometrajes y películas para televisión, en los que, salvo excepciones, perfeccionó un tipo de personaje negativo no carente de inteligencia, refinamiento y elegancia.

Durante la década de los cincuenta, en la que trabaja sin descanso con años en los que rueda entre cinco y seis filmes, destacan sus cuatro colaboraciones con Rafael Gil, las religiosas “La guerra de Dios” (1953) y “El beso de Judas” (1954) y las propagandísticas “Murió hace quince años” (1954) y “El canto del gallo” (1955), sus apariciones en largometrajes de directores tan destacados como José Antonio Nieves Conde en “Balarrasa” de 1951 con la que participa en el Festival de Cannes y Luis Lucia en “Molokai de 1959 (otro largometraje religioso como el anterior en el que Javier Escriva daba vida a un misionero); así como en las nacientes coproducciones hispano-británicas o hispano-estadounidenses que le permitieron compartir créditos con Honor Blackman (“Manchas de sangre en la luna”, 1952), Joan Fontaine, Luis Jordan y Joan Collins (“Tres historias de amor”, 1953), y Richard Burton y Frederic March (“Alejandro Magno” dirigida por Robert Rossen en 1956). También interviene en alguna película estadounidense (“Contrabando en Málaga” protagonizada por Maureen O’Hara), en notables muestras de cine negro protagonizadas por el recurrente José Suárez como “¿Crimen imposible?” (César Fernández Ardavín, 1954) y en la típicas películas a mayor gloria  de destacados deportistas (Kubala) o cantantes (Lilian de Celis).

Con la nueva década, y gracias a su perfecto dominio del español, inglés, francés y alemán, se abonará a las coproducciones entre las que destacan tres grandes superproducciones como “Rey de reyes” (Nicholas Ray, 1961) en la que dio vida a José, “El Cid” (Anthony Mann, 1961) protagonizada por Charlton Heston y Sophia Loren y “Doctor Zhivago” (David Lean, 1965) película que encumbraría a Omar Shariff con el que volvería a trabajar en “La isla misteriosa”, adaptación de la novela homónima de Julio Verne realizada por Juan Antonio Bardem en 1973. Asimismo trabaja con directores de la talla de Jesús Franco en películas como “La muerte silba un blues” (1964), otro ejemplo de cine negro protagonizado, en esta ocasión, por el también habitual Conrado San Martin y “Justine” (1969), o Mario Bava en el gialllo “Un hacha para la luna de miel” (1970); además de participar en el pujante cine de género europeo en todo tipo de películas, desde péplums como “Los siete espartanos” (Pedro Lazaga, 1962) hasta seudo-bonds como “Operación silencio” (1966), pasando por bélicas como “Hora cero: Operación Rommell” dirigida en 1969 por León Klimovsky y con Jack Palance en el principal papel, y, por supuesto, euro-westerns de los que rodó ocho, destacando sus cuatro colaboraciones con Producciones Balcázar y el filme de Sergio Corbucci “Los compañeros”, su último spaghetti.

En las dos siguientes décadas su trabajo disminuye aunque todavía se le puede ver en largometrajes de calidad como “Un verano para matar” (1973) típica coproducción de acción dirigida por Antonio Isasi-Isasmendi con el que ya había colaborado en “Las Vegas, 500 millones” (1968), para terminar apareciendo en varias películas de Juan Piquer Simón y en las típicas comedias al servicio de Andrés Pajares y Fernando Esteso.

Su último trabajo fue la adaptación de la obra de teatro de Adolfo Marsillach “Yo me bajo en la próxima, ¿Y usted?”, estrenada el mismo año de su muerte acaecida en 1992.

Filmografía SW:

1964.- “Desafío en Río Bravo”.
1965.- “Un lugar llamado Glory”.
1965.- “Viva Carrancho”.
1965.- “Sangre sobre Texas”.
1966.- “Texas Kidd”.
1968.- “Cuatro dólares de venganza”.
1968.- “Sartana no perdona”.
1970.- “Los compañeros”.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

VENDO CARA LA PIEL

                                                                                                                                                                   
Vendo cara la piel (Vendo cara la pelle) 
1968
Italia
Director: Ettore Maria Fizzattori
Reparto:  Mike Marshall, Michèle Girardon, Valerio Bartoleschi, Dane Savours, Spartaco Convers, Serafino Profumo, Ake Wahl, Germano Longo, Paolo Magalotti, Furio Meniconi
Guión: Giovanni Simonelli, Ettore Fizzarotti
Fotografía: Stelvio Massi 
Música: Enrico Ciacci & Marcello Marocchi

Película rodada con capital cien por cien italiano en 1968, año en el que se produjeron alrededor de noventa spaghettis, claro ejemplo de la buena salud de la que gozaba el western hecho en Europa a finales de los sesenta. Así debido a la gran demanda de este tipo de filmes, junto con producciones que, creo, se pueden equiparar a los westerns de tipo medio estadounidenses, realizadas por los directores más destacados dentro del spaghetti y que servían de vehículo para las grandes estrellas de este subgénero como Lee Van Cleef (“El día de la ira”, “De hombre a hombre”, ambas de 1967), Tomas Milian (“Tepepa” y “¡Corre, Cuchillo, corre!” realizadas el mismo año que la película que nos ocupa), Franco Nero (“Salario para matar” también de 1968) o Giuliano Gemma (“La muerte de un presidente” de 1969), se rodaron una infinidad de westerns que podríamos calificar como spaghettis de serie b, realizados por profesionales menos talentosos, con un presupuesto más reducido y protagonizados por actores menos carismáticos, poco conocidos o en decadencia, cuyo principal objetivo era satisfacer los deseos de un público ávido de este tipo de productos.
Pues bien, el largometraje que nos ocupa forma parte de este segundo grupo que asumía sin rubor los convencionalismos de este subgénero y fue puesto en pie por una pequeña compañía productora, Cinemar, que encargó la dirección al para mí desconocido realizador italiano Ettore Maria Fizzarotti, mientras que se contó como protagonista con Mike Marshall, actor franco-estadounidense hijo de la gran actriz francesa Michèle Morgan. Ésta tras trabajar en Francia con directores de la talla de Marc Allégret o Marcel Carné (“El muelle de las brumas” de 1938) recaló en Hollywood en donde interpretó películas como “Pasaje para Marbella” (Michael Curtiz, 1944) junto a Humphrey Bogart, y se casó con el cantante, actor, director y productor William Marshall, padre de Mike; para volver a Europa a finales de los años 40 y protagonizar títulos como  “El ídolo caído” (Carol Reed, 1948).


SINOPSIS: Shane, un joven y letal pistolero, regresa tras doce años a su ciudad natal con el objeto de vengar la muerte de sus padres y su hermana, asesinados por el cacique del lugar. Herido en una emboscada será recogido por Kristian, un chaval huérfano de padre, con el que establecerá una estrecha relación al mismo tiempo que se verá atraído por la madre de éste, la joven y bella viuda Georgiana.
Este western vuelve a tratar el tema recurrente en los realizados en Europa de la venganza, así en un típico flashbacks que recuerda vagamente al inicio de “De hombre a hombre” se nos muestra el asesinato de la familia del protagonista. Pero, al mismo tiempo, presenta ciertas peculiaridades respecto a los spaghettis al estar fuertemente influenciada por el clásico de George Stevens “Raíces profundas” (1954), de tal forma  que por momentos parece una adaptación. Así las referencias a esta película son constantes, no sólo al compartir nuestro protagonista el mismo nombre que el inolvidable personaje interpretado por Alan Ladd, sino por calcar situaciones como la relación que se establece entre el pistolero y el niño que, además, cuenta con un can, Lady, como su mejor amigo o la atracción que siente aquél por la madre de éste, aunque en este caso se simplifique la situación ya que, a diferencia de la película de Stevens, no se produce ningún tipo de triángulo amoroso ni conflicto de lealtades al ser la madre del niño viuda. E incluso se repiten escenas como aquella en la que la viuda afea la conducta de Shane por enseñar a su hijo a usar un revólver o en la que Kristian con su perro, al igual que le ocurría a Joey Starret, observa desde fuera del saloon como se pelea Shane con los malvados. El resultado es un spaghetti con una mayor carga melodramática de lo que era habitual en el que, incluso, se llega a reflexionar sobre la venganza, y se cuestiona a ésta como principio conductor de los individuos.
Película, por lo tanto, con una historia interesante que, creo, es malograda tanto por el guión obra de Giorgio Simonelli, escritor habitual de este subgénero (“Desafío en Río Bravo”, “El último mohicano”, “Siete pistolas para Timothy”, “Johnny Yuma” o “Voy…lo mato y vuelvo”, por citar algunas ya comentadas en este blog), que no profundiza en las situaciones dramáticas planteadas ni sabe sacar partido de las mismas y se caracteriza por la presencia de lagunas narrativas, situaciones inverosímiles y tópicos; como por la dirección del mencionado Fizzarotti que, por momentos, parece incapaz de transformar en imágenes el libreto de Simonelli. El resultado es un filme deslavazado con una sucesión de escenas mal hilvanadas y deficientemente montadas y en la que los acontecimientos ocurren en muchas ocasiones sin explicación y por el mero capricho del guionista y del director. Y a estas deficiencias hay que añadir una labor de doblaje realmente desafortunada, por lo menos en la versión que he visto, que termina por cargarse varias escenas. Curiosamente estos fallos contrastan con algunas secuencias que están estupendamente planificadas y en las que se aprecia una clara preocupación por la composición de las mismas, hecho al que supongo no fue ajeno Stelvio Massi, un gran profesional que en este filme trabajó como director de fotografía.
En cuanto a la banda sonora, que fue compuesta por Enrico Ciacci y Marcello Marrocci, su característica principal es la irregularidad ya que junto con un tema principal bastante aceptable, aparecen otros incidentales, para mí, cargantes; además de poderse escuchar al final de la película uno cantado, “Come se fosse gia’ autumno” interpretado por Nico and the Seagulls, que me resultó muy poco apropiado. Por otra parte, no sé si ocurre sólo en la versión que he visto, pude apreciar otros temas “tomados prestados” de varios spaghettis como el de “Las pistolas no discuten” y el principal de “Ojo por ojo”.
El reparto está encabezado, como señalé al principio y en la primera de sus dos aportaciones al género,  por Mike Marshall que da vida al joven Shane y demuestra, para mí, no sólo carecer del talento artístico de su madre sino sus limitaciones y carencias como actor, al pasarse la mayor parte del filme poniendo cara de enajenado. Junto a él, y mucho más entonada como la joven viuda, Michèle Girardon, actriz recordada por su papel de Brandy en la magnífica ¡Hatari! (Howard Hawks, 1962) junto a John Wayne y que había parecido compartiendo cartel con Lex Barker en dos spaghettis dirigidos por Robert Siodmak basados en una novela del escritor alemán Karl May. Lástima que el director no sepa sacar más partido a su personaje. El triángulo afectivo lo completa, en su segunda y última aparición delante de una cámara, el niño Valerio Bartoleschi que, no sé si por el horrible doblaje, me hizo añorar a Brandon de Wilde (Joey en “Raíces profundas”). Por último, en un papel en principio muy interesante nos encontramos con el habitual de este subgénero Spartaco Conversi, bajo el seudónimo de Spean Convery, como Benson, el lugarteniente del cacique enamorado de Georgiana, lo que en principio le podría haber causado algún tipo de problema moral, conflicto eludido tanto por el director como por el guionista y el interprete, por lo que es un personaje con cierto potencial que desgraciadamente queda desdibujado.
Como curiosidades comentaros en primer lugar que “Raíces profundas” también sirvió como modelo a los hermanos Balcázar para rodar “Clint el Solitario”, quizás su mejor western, e, incluso, llegaron a revisitar este filme pero con menos fortuna en “El retorno de Clint, el Solitario” también escrita por Giorgio Simonelli. Cabe señalar además que ambas películas fueron protagonizadas por el español George Martin, en realidad Francisco Martínez Celeiro. Y en segundo lugar que como cameraman aparece en los títulos de crédito Joe D’Amato, quién posteriormente se convertiría en una de las grandes referencias italianas del cine para adultos.
No obstante lo dicho, y a modo de resumen, creo que nos encontramos ante un western que puede ser, gracias a su ritmo, violencia (el protagonista, en una secuencia bastante lograda, llega a enterrar vivo a uno de los asesinos de su familia y maneja con gran habilidad el cuchillo) y numerosas escenas de acción, plenamente disfrutable por aquellos avezados consumidores de spaghettis que asuman tanto las limitaciones como los defectos, lugares comunes, personajes arquetípicos y códigos de este subgénero.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 4
DIRECCIÓN: 5
ACTORES: 4
MÚSICA: 5
MEDIA: 4,6