martes, 27 de septiembre de 2011

LA BESTIA


La Bestia (La Belva)
1970
Italia
Director: Mario Costa
Reparto: Klaus Kinski, Gabriella Giorgelli, Steven Tedd, Giovanni Pallavicino, Andrea Aureli, Remo Capitani, Giuliano Raffaelli, Paolo Casella, Grazia Di Marzà, Fiona Florence, Gioia Garson, Cristina Iosani, Vittorio Mangano, Ivana Novak, Pilù, Guido Lollobrigida, Luisa Rivelli, Antonio Anelli, Bruno Arié, Bruno Boschetti, Carla Mancini, Sandro Scarchilli, Luigi Ciavarro, Gilberto Galimberti, Andrea Aurelli, Giovanni Nuvoletti, Femi Benussi, Lando Buzzanca, Claudio Scarchilli, Sergio Scarchilli, Omero Capanna
Guión: Mario Costa
Fotografía: Luciano Trasatti
Música: Stelvio Cipriani

Película italiana de 1970, clara muestra del deterioro de la filmografía de su protagonista, Klaus Kinski, en este subgénero. Así, mientras que en la década de los sesenta participó en grandes spaghettis o, incluso, en algunos que fueron clave para el desarrollo del género, ofreciéndonos grandes composiciones, recordemos por ejemplo el pistolero jorobado de “La muerte tenía un precio”, el sacerdote revolucionario hermano del protagonista en “Yo soy la revolución”, el amoral pistolero con tendencias homosexuales de “Los profesionales del oro” y, sobre todo, el frío asesino de “El gran silencio”; en la década siguiente se le pudo ver, tanto como protagonista como en colaboraciones especiales, en largometrajes de escaso presupuesto (muchos de ellos dan la sensación de que destinaron gran parte del mismo a pagar el sueldo del actor) y bastante mediocres, cuando no malos (“Lo llamaban King”, “La venganza esperó diez años”, “Persecución mortal”, “Black killer” o “Mi nombre es Shangai Joe” creo que constituyen claros ejemplos) y en los que se limitaba a aportar su nombre como reclamo para hacer más comercial el filme de turno y, generalmente, a repetir su consabida legión de muecas y gestos desquiciados.




SINOPSIS: Juanita y Ricardo son una pareja de mejicanos que desean salir de la pobreza, casarse e irse a vivir a una gran ciudad. Para ello idean un plan con el objetivo de adueñarse de una herencia de 100.000 dólares, al mismo tiempo que contactan con oscuro personaje, Johnny Laster, en realidad un maniaco sexual y asesino sin escrúpulos, para que les ayude. Tras dar el golpe, que distará mucho de ser perfecto, la situación se deteriorará entre los miembros de la banda que, además, deberán enfrentarse con un temido forajido llamado Machete, quien desea apoderarse del producto del robo.



Oscuro y sugerente spaghetti carente de personajes positivos, salvo los padres adoptivos de Ricardo, y construido como una amalgama de géneros. Así, se pueden apreciar influencias del giallo (subgénero de suspense-terror típico italiano de gran éxito a finales de los sesenta y principios de los setenta) fundamentalmente en el personaje de Johnny “el Loco”, al que da vida Klaus Kinski, un psicópata sexual incapaz de mantener una relación normal con la mujeres que, por diversas razones, nunca llega a consumar sus encuentros sexuales lo que le lleva, en su frustración, a asesinar a las mujeres con las que intentó mantener esas relaciones; cine negro, ya que la película nos cuenta la típica historia de un golpe, no tan perfecto, y el posterior enfrentamiento entre los miembros de la banda, entre los que se encuentra la pareja protagonista que se verá arrastrada, a su pesar, a una vida de delincuencia; y tragedia clásica puesto que sobre toda la película se extiende un halo de fatalidad y pesimismo que culmina en un violento y moralista final: la avaricia y la codicia sólo originan sufrimiento, desolación y muerte a los seres queridos.


Pero esta prometedora propuesta se ve lastrada tanto por el guión como por la dirección de Mario Costa, un cineasta que comenzó a finales de la década de los treinta, se especializó en producciones baratas de aventuras (“La mujer pirata” que nada tiene que ver con la modélica película de 1951 protagonizada por Jean Peters y dirigida por Jacques Tourneur, “El pirata negro”, “El hijo del Caid” o “El retorno de Maciste”, estas dos últimas protagonizadas por el hercúleo Gordon Scott) y dirigió dos spaghettis, la película que nos ocupa, último de sus largometrajes, y la olvidable “El héroe del Oeste” (1965) protagonizada, de nuevo, por Gordon Scott, en este caso dando vida al legendario Buffalo Bill.



En esta ocasión, como guionista creo que desaprovecha los interesantes aspectos apuntados, sobre todo, en el inicio del filme, y se muestra incapaz de desarrollar éstos, convirtiéndose la película en una sucesión de escenas repetidas (cada vez que Johnny va a consumar el acto sexual alguien o algo le interrumpe, comenzando, generalmente, una persecución); ridículas, como la del cuadro flamenco con la bailaora dando estúpidos saltos mientras sus acompañantes tocan las palmas sin ningún gracejo; absurdas (¿Cómo no se dan cuenta el conductor de la diligencia y el escopetero que una de sus pasajeras ha sido raptada? ¿Por qué, una vez que Machete captura a Johnny y lo tortura, no le ata, hecho que propiciará su huida?), sin sentido (vemos a Johnny escondido en un bosque y al ver al sheriff y a sus hombres no se le ocurre otra cosa que perseguirlos) o con diálogos contradictorios (tras el asesinato de Powers un individuo dice que no se lo explica porque no tenía enemigos y a continuación otro señala “Sí hacía tiempo que eran enemigos él y Bowen -presunto asesino-. Se odiaban”. ¿En qué quedamos tenía o no tenía enemigos?); mientras que como director no dota al filme, salvo al final, de la carga dramática requerida, además de abundar los tiempos muertos; por lo que el largometraje se vuelve soporífero. Además de poderse apreciar un cierto descuido tanto a la hora de montar las distintas escenas (en alguna da la sensación de que falta algún plano explicativo) como al empalmar unas con otras (las transiciones entre las mismas son bastante bruscas).


Mención aparte creo que hay que hacer de la estupenda banda sonora compuesta por Stelvio Cipriani que cuenta con muy buenos y variados temas, el problema es que por lo visto la mayoría de los mismos son reciclados de otros spaghettis como “Un hombre, un caballo, un colt”, película englobada en la trilogía sobre el Extranjero protagonizada por Tony Anthony.



Por lo que respecta al elenco actoral, creo que el spaghetti tiene su razón de ser en la presencia de Klaus Kinski que, con su personalidad y buena actuación, eclipsa al resto de los intérpretes. Costa le ofrece un personaje, el único desarrollado, hecho a su medida: un maniaco que aparece retratado en la primera escena cuando se abalanza sobre una mujer con intención de violarla, una auténtica bestia (de ahí el nombre del filme) incapaz de mantener una relación normal con una mujer y de controlar sus impulsos sexuales (de hecho está obsesionada con las prostitutas y lo único que parece importarle del golpe es el dinero “con el que podré comprarme las mejores chicas”), un monstruo, cuya rareza queda reflejada incluso en su vestimenta, un traje blanco isabelino, una camisa azul con cuello blanco y corbata y un sombreo de color paja más propios de los hacendados del sur que de un pistolero. Personaje excesivo que tiende al histrionismo pero al que curiosamente da vida Kinski con una interpretación más comedida de lo que en él era habitual. Como coprotagonistas interpretando a la pareja de desdichados amantes nos encontramos con el soso y mediocre Steven Tedd, en realidad Giuseppe Cardillo, al que ya había visto en “El valor de un cobarde” y en “Una cuerda al amanecer”, que vuelve a demostrar sus limitaciones como actor, sobre todo en las escenas más dramáticas en la parte final del largometraje; y a Gabriella Giorgelli, actriz que participó en algunos spaghettis como “Los largos días de la venganza” y “Los cuatro de Fort Apache”, que me ha parecido muy floja y cuyo personaje, tras ser herido, desaparece sin que sepamos nada más de ella. Junto a ellos algunos rostros conocidos en papeles escasamente desarrollados como Paul Sullivan, cuyo verdadero nombre era Paolo Casella que volvería a trabajar al año siguiente con Kinski en la interesante “Reza al muerto y mata al vivo”, como Glen uno de los miembros de la banda; Guido Lollobrigida, bajo su habitual seudónimo de Lee Burton, en el rol de Logan-Bowen, un antiguo compinche de Johnny; y Remo Capitani como el sheriff que perseguirá a Johnny, personaje del que también se olvidan en el último tercio del spaghetti.



En resumen una peculiar propuesta que se ve malograda por un guión cargado de clichés y una dirección vulgar y descuidada, además de carecer de buenas escenas de tiroteos y acusar su falta de presupuesto, por lo que resulta bastante sosa y aburrida.


PUNTUACIÓN:
HISTORIA: 3
AMBIENTACIÓN: 3
DIRECCIÓN: 3
ACTORES: 5
MÚSICA: 5

MEDIA: 3,8


viernes, 23 de septiembre de 2011

EL ÚLTIMO MALDITO

El último maldito (Il tempo degli avvoltoi)
1967
Italia
Director: :Nando Cicero  
Reparto: George Hilton, Frank Wolff, Pamela Tudor, Eduardo Fajardo, Franco Balducci, Femi Benussi, Maria Grazia Marescalchi, Cristina Iosani, Guglielmo Spoletini, Giovanni Ivan Scratuglia, Gianluigi Crescenzi, Alfonso Donati, John Bartha , Gino Vagniluca, Tullio Altamura, Pietro Torrisi
Guión: Fulvio Gicca
Fotografía: Fausto Rossi
Música: Piero Umiliani


Producción italiana de 1967 dirigida por Fernando Cicerón, bajo su seudónimo habitual de Nando Cicero, un realizador que tras comenzar como actor en películas como Senso (1953) de Luchino Visconti se pasó detrás de la cámara, para a partir de 1970 asociarse con la pareja de cómicos Franco Franchi-Ciccio Ingrassi, dirigiendo uno de sus mayores y reconocidos éxitos (“El último tango en Zagarolo” parodia del inmortal filme de Bertolucci y protagonizada, en esta ocasión, sólo por el primero) y terminar encuadrado en la comedia erótica filmando productos para estrellas de la época de este subgénero como, sobre todo, Edwige Fenech (”La doctora del regimiento”, “La doctora arma el lío” ambas de 1977 o “La maniobra de la doctora con los soldados” realizada al año siguiente, en las que la bella actriz nacida en Argelia contó como compañero con el cómico Alvaro Vitali). Dentro del spaghetti dirigió a finales de la década de los sesenta tres largometrajes: “Los profesionales de la muerte” de 1967, “Dos veces Judas” de 1969 (ambas ya comentadas en el blog y producidas por los hermanos Balcázar, además de estar la primera también interpretada por George Hilton) y la película que nos ocupa.
 
SINOPSIS: Kitosh, un mujeriego norteamericano que trabaja como peón en la hacienda del poderoso Don Jaime Mendoza y se dedica a seducir a todas las mujeres del rancho, sufrirá la ira de su patrón, en forma de cruentas palizas, al ser descubierto flirteando con su esposa. Tras escapar se unirá a un temible forajido llamado Tracy el Negro. Pero pronto surgirán las desavenencias con éste al comprender Kitosh que Tracy, además de padecer una terrible enfermedad, es un psicópata al que le gusta torturar a la gente.


Curiosa propuesta que cuenta con un, en principio, original libreto de Fulvio Gicca Palli (coautor del guión de "La noche de la serpiente" y de los libretos de dos filmes fundamentales en la filmografía de Damiano Damiani: “Confesiones de un comisario” y “Girolimoni, il mostro de Roma”), ya que la película presenta un comienzo ligero más propio de una comedia de enredo en el que vemos las aventuras erótico-sentimentales en las que se ve envuelto el protagonista para poco a poco irse endureciendo el filme y hacerse cada vez más oscuro, sobre todo a partir de la aparición del personaje de Tracy. Además de apuntar el guión varias cuestiones interesantes que reaparecerían con, creo, mayor acierto en otros spaghettis. Así en la ya comentada en este blog “Los desesperados” realizada en 1969 por Julio Buchs, curiosamente también protagonizada por George Hilton, se retoma la idea principal de presentar a un protagonista norteamericano de extracción humilde al servicio de un poderoso hacendado mejicano que le perseguirá, cegado por el odio, debido a sus devaneos amorosos (en ésta por intentar seducir a su mujer y en la película de Buchs por dejar embarazada a su hija), al mismo tiempo que las consecuencias de sus aventuras amorosas y la persecución a la que es sometido le obligan al protagonista a decantarse por una vida al margen de la ley y le conducen a un final dramático (más evidente en el filme de Buchs que en éste al ser más abierto). Mientras que la idea de un pistolero aquejado de una grave enfermedad que le vuelve por momentos vulnerable la desarrollaría un año después Franco Giraldi en la notable “Un minuto para rezar, un segundo para morir”, película que también cuenta con su correspondiente reseña en este blog.


El problema, para mí, es que el potencial que se vislumbra en la película se ve lastrado por varios aspectos.


En primer lugar por la labor de dirección de Cicero. Creo que la película hubiera mejorado mucho con un director más hábil, ya que, para mí, no sabe dotar al largometraje del ritmo adecuado ni del dramatismo e intensidad que la historia requería.


En segundo lugar por la totalmente fuera de lugar y bastante mal utilizada banda sonora compuesta por Piero Umilani, un prolífico músico mundialmente conocido por la canción “Manah Manah” que se podía escuchar en El show de los Teleñecos (The Muppets show), que en esta ocasión parece haber incorporado al filme temas ya compuestos por él más propios de una comedia o una película desmitificadora de las de espionaje a lo James Bond.


Y en tercer lugar por las propias incongruencias del guión. Son incomprensibles para mí, por ejemplo, la falta de reacción de Kitosh ante el asesinato a sangre fría de su novia, único personaje medianamente positivo de la película, por parte de Tracy el Negro o el radical cambio de actitud al final de Don Jaime Mendoza que parece olvidar el odio que siente por el protagonista.


Y a todo ello hay que añadir un doblaje bastante flojo en la versión que he visto (curiosamente me pareció que funciona mejor la película durante las escasas escenas que están subtituladas).


Por lo que respecta a las interpretaciones creo que constituyen uno de los aspectos más positivos del largometraje ya que los actores se vieron beneficiados por unos personajes, todos ellos negativos, más desarrollados de lo habitual en este subgénero. Como protagonista nos encontramos con George Hilton, actor uruguayo afincado en Europa desde mediados de los sesenta y convertido en uno de los referentes de este subgénero, que hace una gran interpretación como Kitosh. Un personaje que le permite evolucionar a lo largo de la película y ofrecernos una actuación que fluctúa entre dos registros, uno más ligero y cínico que recuerda a sus interpretaciones, por ejemplo, como Aleluya o en la citada “Los profesionales de la muerte” y otra más grave y dramática en la línea de la mencionada “Los desesperados” o de “Los profesionales del oro” (también revisada en el 800). El estadounidense Frank Wolff está realmente bien como el forajido Joshua Tracy apodado “el Negro”, símbolo de la maldad, un demente pistolero con querencia por la tortura que mostrará continuamente su carácter violento (tortura a su antiguo socio clavándole un cuchillo en la palma de la mano, provoca un incendio para que muera abrasada su invidente mujer en venganza por haberle traicionado o no duda en restregar la cara de una prostituta sobre un plato de judías sólo porque se le había acercado) y con un terrible secreto que intenta esconder ya que padece de epilepsia. Eduardo Fajardo realiza una notable composición como el vengativo y despótico terrateniente Don Jaime Mendoza, un hombre corroído por el odio hacia Kitosh al haber sido capaz de coquetear con su mujer, de la que al final se muestra sinceramente enamorado; mientras que Pamela Tudor, a la que ya había visto en “La muerte cumple condena” (película también comentada en el blog) pasa desapercibida en su papel de Steffy la voluble, pérfida y frívola esposa de Don Jaime, capaz, incluso, de proponer a Tracy el Negro traicionar a su marido y marcharse ambos con el dinero de su rescate. Junto a ellos y en papeles menores aparecen algunos habituales del euro western como Franco Balducci, actor con bastante experiencia en el género de sandalias y espadas, como el desdichado Jim el Grande, un antiguo socio de Tracy que pagará muy cara su traición, y Guglielmo Spoletini en el rol de un bandido mejicano aliado con Jim el Grande para robar el dinero transportado por un convoy.


Como curiosidades comentaros que el otrora director Demofilo Fidani intervino haciendo labores de decoración; hay una escena en la que se rinde homenaje, no sé si consciente o inconscientemente, a la obra maestra de John Ford “Centauros del desierto” ya que se repite la secuencia en la que John Wayne utilizaba a Jeffrey Hunter como señuelo para acabar con unos individuos que les perseguían; y ese mismo año George Hilton dio vida a otro personaje llamado Kitosh en el largometraje “Frontera al sur” de José Luis Merino.


En resumen, un correcto spaghetti pero en cierta medida desaprovechado, puesto que con un mayor acierto en la dirección, en algunos momentos incluso me pareció detectar problemas de continuidad entre las distintas escenas, y una apropiada banda sonora el resultado creo que hubiera sido superior. 


PUNTUACIÓN: 

HISTORIA: 6
AMBIENTACIÓN: 6 
DIRECCIÓN: 5 
ACTORES: 7 
MÚSICA: 3 

MEDIA: 5,4

martes, 20 de septiembre de 2011

JOHNNY WEST

Johnny West (Johnny West il mancino)
1965
Italia/España/Francia 
Director: Gianfranco Parolini
Reparto:  Mimmo Palmara, Adriano Micantoni, Roger Delaporte, André Bollet, Mara Cruz, Dada Gallotti, Bernabe Barta Barri, Roberto Camardiel, Bob Felton, Bruno Arié, Spartaco Conversi, Giuseppe Mattei , Alfonso de la Vega, Alfonso Rojas, Josefina Serratosa, Angeles Lee, Fernando Bilbao, Polly Grouck, Audry Fischer, Roberto Robles, Edy Dentine
Guión:  Jerez Aloza, Robert de Nesle, Gianfranco Parolini, Giovanni Simonelli
Fotografía: Francesco Izzarelli 
Música: Angelo Francesco Lavagnino

Coproducción italo-franco-española de 1965 que supuso el desafortunado, para mí, debut en este subgénero de Gianfranco Parolini, un guionista y realizador italiano, también conocido por su seudónimo de Frank Kramer, que mostró predilección por el spaghetti (una tercera parte de sus películas están ambientadas en el Oeste) además de haber dirigido algún péplum y la mayoría de los largometrajes sobre el Comisario X, serie con un cierto tono de comedia protagonizada por el italiano Tony Kendall y el hercúleo norteamericano Brad Harris nacida como consecuencia de la gran acogida que tuvieron los filmes de James Bond, y cuya mayor aportación al western hecho en Europa fue la creación de dos personajes míticos: Sartana, al que dio vida hasta en cuatro ocasiones Gianni Garko y en una George Hilton, y Sabata al que prestaron su rostro Lee Van Cleef y Yul Brynner, aunque el personaje de este último no tenía mucho que ver con el interpretado por el primero. Pero, a pesar de ello, su filmografía en este subgénero, con títulos como “Las siete magníficas”(aunque en ésta, por lo que he leído, solamente aparece acreditado, con el seudónimo de Cehett Grooper, por un tema económico), “Texas 1870”, “Seis balas…una venganza…una oración” o la película que nos ocupa, creo que no se puede calificar como destacada.


SINOPSIS: Un letal pistolero llamado Johnny el Zurdo, junto con tres vendedores ambulantes, intentará abortar el plan de los pérfidos hermanos Jefferson consistente en adueñarse de la propiedad de una mina de oro extorsionando a su legítimo dueño con el objeto de que ceda ésta a la Asociación de Beneficencia Melrose de San Francisco de la cual son sus presidentes. Al mismo tiempo deberá probar su inocencia respecto al robo del banco y el asesinato de un empleado del mismo, delitos realmente perpetrados por los mencionados hermanos.


Película caótica tanto por un guión, coescrito por el propio Parolini junto con, entre otros, Robert de Nesle (productor de algunos filmes dirigidos por Jesús Franco en los años setenta como “Los ojos de la noche”), que carece de la más mínima lógica, como por una descuidada dirección en la que el autor muestra su incapacidad para contar coherentemente una historia (creo que por momentos hace bueno a Demofilo Fidani, el llamado Ed Wood del spaghetti), lo que se traduce en un largometraje compuesto por una sucesión abrupta e inconexa de escenas, con una labor de montaje pésima, en el que todo vale y que termina por ser tremendamente aburrido.


El inicio del filme no puede ser más revelador ya que, tras los títulos de crédito, asistimos a una pelea cómica e infantiloide entre dos vendedores ambulantes (personajes que, junto con otro compañero, protagonizarán las situaciones pretendidamente humorísticas) que no viene a cuento; para, sin solución de continuidad, ver cómo nuestro héroe aborta el asalto a una diligencia planeado por uno de los hermanos Jefferson, hecho que le acarreará funestas consecuencias (por cierto, sin saber el porqué, en el tiroteo que se desarrolla alrededor de la diligencia los pistoleros pasan de disparar a matar a tener mucho cuidado y apuntar sólo a los sombreros o a las manos y los pies de los enemigos) y este enfrentamiento se empalma con una escena en el saloon del pueblo al que han llegado los tres buhoneros en el que estalla la típica pelea. El resultado es que ha transcurrido más de media hora de la película y todavía no sabemos cuál es el argumento de la misma. Y lo peor es que tras este caótico comienzo el largometraje, salvo por alguna escena aislada como la de la tortura del héroe, no mejora, añadiéndose situaciones y personajes por el puro capricho de los guionistas (incluso aparece una tribu de indios, y una de sus mujeres sin que sepamos los motivos ya que no la habíamos visto antes se muestra perdidamente enamorada de Johnny).



Como aspectos curiosos del largometraje se pueden destacar dos:


-La aparición de algunas constantes en el cine de Parolini fácilmente reconocibles como la introducción de situaciones cómicas en una historia dramática o el gusto por los gadgets (un bastón que luce uno de los hermanos Jefferson con el que dispara como si fuera un colt o un ataúd con un doble fondo giratorio). 


-La escena, bastante violenta, en la que los esbirros de los Jefferson machacan la mano izquierda de Johnny y matan a sangre fría a su novia mejicana y al padre de ésta. Idea que retomaría posteriormente Sergio Corbucci tanto en “Django” como en “El gran silencio”. 


Por lo que respecta a la banda sonora compuesta por Angelo Francesco Lavagnino, cabe indicar que cuenta con una bonita melodía cantada por Katrina Ranieri con una cierta influencia jazzística que me recordó a algunos temas de la época compuestos por el gran músico Burt Bacharach pero que, a mi entender, es totalmente inapropiada para un western. Además también se pueden escuchar otro de carácter festivo que acompaña generalmente a las escenas protagonizadas por los buhoneros y uno instrumental marcadamente lírico.


En cuanto al elenco actoral, el soso e inexpresivo Mimmo Palmara, un actor que destacó en el cine de espadas y sandalias para con posterioridad y ante el declive de éste intentar reciclarse en otro géneros, bajo su seudónimo habitual de Dick Palmer da vida de forma poco convincente a Johnny un pistolero mestizo (hijo de blanco e india cherokke) que como único amigo cuenta con un pequeño perro blanco llamado Gipsy, arrastra un triste pasado al haber sido asesinados sus padres por mantener una relación interracial y es zurdo (el título original en italiano es “Johnny West il mancino”), aunque tras destrozarle su mano izquierda se mostrará, por obra y gracia del guión, tan rápido y certero con la derecha como lo era con la izquierda. Junto a él destaca Roberto Camardiel, de lo poco salvable de la película, como Dusty, uno de los buhoneros experto en la utilización de la dinamita que tras varia vicisitudes se unirá a Johnny. Una lástima que se encasillara a este actor como contrapunto del protagonista en papeles miméticos de corte cómico que, no obstante, solía resolver con su habitual profesionalidad; ya que cuando tuvo que interpretar otro tipo de personajes como por ejemplo el despiadado cabecilla de los bandidos vestidos de negro en “Oro maldito” o el confiado y bonachón ganadero en “Los cuatro implacables” (ambas películas ya comentadas) creo que sus actuaciones rallaron a gran altura. En papeles menores pude distinguir, entre otros, a varios rostros habituales de este subgénero como Barta Barri dando vida al sheriff o Spartaco Conversi en el rol de uno de los esbirros de Jefferson.


En definitiva uno más de los subproductos (la producción en la que participaron José Frade y Luis Méndez los cuales colaboraron, entre otras, en la muy superior “Mestizo”, es paupérrima) realizados a raíz del éxito del western realizado en Europa que, para mí, no reúne unos mínimos de calidad, por lo que sólo sugiero su visionado a aquellos aficionados que quieran ampliar sus conocimientos sobre este subgénero viendo todo tipo de spaghettis.

PUNTUACIÓN: 

AMBIENTACIÓN: 3
DIRECCIÓN: 2
ACTORES: 3
MÚSICA: 4
HISTORIA: 2
 
MEDIA: 2,8


viernes, 16 de septiembre de 2011

STARBLACK


Starblack
1966
Italia/Alemania
Director: Giovanni Grimaldi
Reparto: Robert Woods, Elga Andersen, Franco Lantieri, Marianne Tuch, Andrea Scotti, Harald Wolff, Renato Rossini, Graham Sooty, Rosella Bergamonti, Gian Luigi Cresenzi, Giulio Galdini, Ettore Manni, Valentino Macchi, Vincenzo Maggio, Franco Scala, Sergio Ukmar
Guión: Giovanni Grimaldi
Fotografía: Guglielmo Mancori
Música: Benedetto Ghiglia


Coproducción germano-italiana de 1966, aunque otras fuentes consultadas la datan creo que erróneamente en 1968, dirigida por Giovanni Grimaldi, un escritor especializado fundamentalmente en el género de la comedia, que, además de escribir junto a Bruno Corbucci el libreto para “4 dólares de venganza” (película también protagonizada por Robert Woods y ya comentada), dirigió tres spaghettis: la interesante pero, para mí, fallida “Plazo para morir” (1965) filme que también cuenta con su correspondiente comentario en este blog y supuso su debut como director en este subgénero, “Il bello, il bruto, il cretino” (1967) típica comedia con clara referencia a una de las cumbres del spaghetti al servicio de la inefable pareja de cómicos compuesta por Franco Franchi y Ciccio Ingrassi y la película que nos ocupa, rodada entre ambas.





SINOPSIS: Johnny Blith junto a su fiel amigo sordomudo Jop regresa tras varios años trabajando en un rancho de Colorado a su pueblo natal para encontrarse con que su padre ha muerto en extrañas circunstancias, mientras que su madre se ha vuelto a casar con su tío, el juez de la localidad. Al mismo tiempo comprueba que el pueblo está sometido a Curry un ambicioso terrateniente que pretende quedarse con las propiedades de los colonos a los que previamente ha prestado dinero. Pero pronto empezará a operar en la región un misterioso justiciero enmascarado conocido con el nombre de Starblack.


Curioso spaghetti western en el que creo el director lleva más allá la propuesta de su primer film, el comentado "Plazo para morir", en el que se apreciaba un claro homenaje al western clásico realizado en los años cincuenta (en el filme podíamos ver referencias muy claras a, por ejemplo, “Los siete magníficos”, “Centauros del desierto” y “Horizontes lejanos”). Aquí parece retroceder aún más y presentarnos una película que, en principio, bebe de los westerns realizados en forma de serial durante las dos décadas anteriores a mayor gloria de los denominados vaqueros cantantes, de los que Gene Autry y Roy Rodgers fueron los máximos exponentes. Este hecho se aprecia claramente durante el comienzo del filme en el que vemos, mientras se intercalan los títulos de crédito, a nuestro enmascarado e inmaculado héroe desfacer, montado en su caballo blanco, distintos entuertos mientras la agradecida población dice su nombre con admiración y arrobo. Además para hacer más visible esta influencia el personaje de Johnny se pasea con una guitarra e incluso, como habitualmente hacían sus modelos, en una escena interpreta la canción principal. Al mismo tiempo el personaje principal remite tanto a varios superhéroes protagonistas de los comics de la editorial Detective Comics (la relación entre Johnny Blith y Caroline recuerda en alguna secuencia a la mantenida por Clark Kent y Lois Lane, mientras que nuestro héroe al igual que le sucede a Batman con Robin cuenta con un fiel escudero en la figura del sordomudo Jop) como a otros héroes del Oeste llevados a la pantalla grande, ya que al igual que el Zorro oculta su identidad tras una máscara, lleva una doble vida en la que, cuando no ejerce como héroe, aparece como un torpe petimetre y como tarjeta de visita, en vez de grabar su inicial, arroja a los malvados una estrella negra; mientras que como el Llanero Solitario, además de la máscara, viste de un solo color, en este caso el gris, y monta un caballo blanco; incluso el personaje del malévolo Curry llega a decir de él “Se cree Robin Hood, roba a los ricos y se lo da a los pobres”, reforzándose, de esta forma, la vinculación de Starblack con estos héroes populares. Y para rizar el rizo el esqueleto argumental del filme remite, como ocurre con la más lograda para mí “Johnny el Vengador” dirigida dos años más tarde por Castellari (película que cuenta con su correspondiente reseña), a “Hamlet”; así el protagonista del largometraje, al igual que le ocurría al inmortal personaje creado por Shakespeare, tras regresar a su pueblo natal se encontrará con un padre muerto en extrañas circunstancias y una madre casada con su tío del cual comenzará a sospechar de su posible participación en la muerte de su progenitor.




Pero lo que a primera vista podría parecer un pastiche, curiosamente, para mi gusto, funciona de forma aceptable gracias a la doble labor de Grimaldi en el guión y en la dirección. Así éste escribió un libreto un tanto simple, estereotipado e ingenuo pero bastante eficaz y dinámico en el que no paran de sucederse acontecimientos, por lo que la película no llega a aburrir; mientras que dirige con bastante oficio e imprime un notable ritmo al filme, al mismo tiempo que se aprecia una cierta preocupación en la composición de las escenas, obteniendo algunas secuencias notables como la cargada de tensión y enormemente violenta para la época que tiene lugar en el rancho de Manolita en la que ésta es violada y en la que hay una utilización acertada de la cámara subjetiva por parte del director o, al igual que ocurría en su anterior filme, el estupendo duelo final, muy bien dirigido, entre Starblack y Jop por un lado y los malvados por el otro que se resuelve con un plano final en el que vemos cómo el héroe arroja un puñal que se clava en el ojo del cabecilla. Son estos estallidos de violencia, a los que deberíamos añadir por ejemplo la secuencia en la que se ve como se clavan dos cuchillos en la palma de la mano de otro de los bandidos o el martirio interrumpido por Starblack que sufre Jop, los que definitivamente alejan al filme de sus modelos más naíf y le acercan a los westerns rodados en Europa, mucho más explícitos a la hora de mostrar la violencia.


En lo que se refiere a la banda sonora compuesta por Benedetto Ghiglia, cuenta con un interesante tema principal de clara influencia clásica repetido a lo largo del metraje, incluso como ya señalé es cantado por el propio Robert Woods, mientras que los temas incidentales me parecieron bastante pobres.


Por último, los actores apenas pueden destacar al interpretar a unos personajes estereotipados y escasamente desarrollados. Así, nos encontramos al frente del reparto con Robert Woods, un actor norteamericano descubierto por los hermanos Balcázar que se convertiría en uno de los intérpretes más prolíficos del spaghetti aunque en filmes de segunda categoría, que en esta ocasión hace lo que puede en su doble papel como el melifluo Johnny Blith, un individuo que evita todo tipo de peleas, y el héroe enmascarado conocido como Starblack. Creo que este actor estuvo un tanto desaprovechado ya que cuando contó con personajes de cierta entidad, como por ejemplo los torturados Jack Murphy alias “Black Jack” o Joe Bishop alias “el Puro” (ambas películas también comentadas en este blog), supo salir más que airoso. Junto a él, la actriz alemana Elga Andersen que pasa totalmente desapercibida como Caroline Williams, el amor imposible de Starblack; Renato Rossini, más conocido por su nombre artístico de Howard Ross, un actor italiano de espectacular físico que comenzó en el péplum para, a medida que se desarrollaba el cine de género en Europa, participar como secundario en todo tipo de películas (bélicas, westerns, giallos, poliziescos) encarna a Jop el amigo de Starblack cuya personalidad suplanta en alguna ocasión; y Franco Lantieri que da vida al poderoso, codicioso y malvado Curry, un personaje sin matices mil veces visto en la gran pantalla



En definitiva una ingenua, simpática y digna película que aunque se ve lastrada por un presupuesto ínfimo, hecho que se aprecia sobre todo en la ambientación, creo que consigue su propósito que no es otro que divertir durante los escasos noventa minutos que dura.

PUNTUACIÓN

HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 4 
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 5
MÚSICA: 5

MEDIA: 5 




PUNTUACIÓ

HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 4
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 5
MÚSICA: 5

jueves, 15 de septiembre de 2011

Sergio Contreras-"El Malo" (Videoclip)

Curioso videoclip rodado como si se tratara de un spaghetti.

Ángel del Pozo

 Actor, director y ocasional guionista español (Madrid 1934) que, en su dilatada carrera, ha intervenido como actor en más de sesenta películas y ha utilizado además de su nombre real otros como el de Anthony Clark. 

lunes, 12 de septiembre de 2011

LA MÁSCARA DE CUERO

La máscara de cuero (In nome del padre, del figlio e della Colt)
1971
Italia-España
Director: Mario Bianchi
Reparto: Craig Hill, Nuccia Cardinali, Frank Braña, Agata Lys, Paco Sanz, Romano Milani, Gilberto Galimberti, Lorenzo Piani, Jose Tordesillas, Giuseppe Scarcella, Ernesto Vanes, Maria Vico, Antonio Padilla
Guión: Eduardo Manzanos Brochero , Arpad De Riso, Mario Gariazzo
Fotografía: Emilio Foriscot
Música: Piero Piccioni

viernes, 9 de septiembre de 2011

ALAMBRADAS DE VIOLENCIA

Alambradas de violencia (Pochi dollari per Djang)
1966
España/Italia
Director: León Klimovsky (Enzo G. Castellari ¿?) 
Reparto: Anthony Steffen, Gloria Osuna, Frank Wolff , Joe Kamel, José Luis Lluch, Tomás Zalde, Alfonso Rojas, Angel Ter, José Luis Zalde, Sandalio Hernández, Enio Girolami, Enzo Castellari , Alfonso de la Vega, Joaquin Parra, Félix Fernández 
Guión: Manuel Sebares, Tito Carpi 
Fotografía:  Aldo Pinelli
Música:  Carlo Savina 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Alberto de Mendoza




Actor argentino (Buenos Aires 1923) cuyo verdadero nombre es Alberto Manuel Rodríguez Gallego Gonzáles de Mendoza.

lunes, 5 de septiembre de 2011

CUATRO PISTOLEROS DE SANTA TRINIDAD

Cuatro pistoleros de Santa Trinidad (I quattro pistoleri di Santa Trinita)
1971
Italia
Director: Giorgio Cristallini
Reparto: Peter Lee Lawrence, Ida Galli, Phillipe Hersent, Raf Baldassarre, Daniela Giordano, Valeria Fabrizi, Salvatore Furnari, Daniele Vargas , Umberto Raho, Mimmo Maggio, Raymond Bussieres, Paul Oxon, Tonino Pierfederici, Salvatore Furnari, Antonella Murgia, Filippo Antonelli, Antonio Buonomo, Katia Cardinali, Bernadette Frank, Giglio Gigli, Luigi Mannoia, Alessandro Perella, Aldo Sala, Marcello Tambore
Guión: Giorgio Cristallini
Fotografía: Alessandro D'Eva
Müsica: Roberto Pregadio

viernes, 2 de septiembre de 2011

FORAJIDOS IMPLACABLES

Forajidos Implacables (20.000 dollari sporchi di sangue)
1969 
Italia/España 
Director:  Alberto Cardone
Reparto: Brett Halsey, Germano Longo, Fernando Sancho, Eugenio Battisti, Teresa Gimpera, Antonio Casas, Renato Rossini, Marco Gobbi, Andrea Fantasia, Gino Marturano, Claudio Trionfi, Adalberto Rosseti, Francisco Sanz, Antonio Gradoli, Franco Gulà
Guión: Alberto Cardone, Ugo Guerra, Vittorio Salerno, Manuel Sebares
Fotografía: Mario Pacheco
Música: Michele Lacerenza