jueves, 28 de abril de 2011

Patricia Lorán

Rememorando el cine que se rodaba en España hace 40 años, me gustaría recordar la figura de una actriz que participó durante casi 10 años en diversos largometrajes del cine español desde 1965 a 1974, y que nunca ha tenido ningún tipo de reconocimiento público a su trayectoria como actriz del cine de aquella época: Estoy hablando de Patricia Lorán, cuyo nombre real es Encarnación García García, nacida en Granada en diciembre de 1946.


Sus inicios
Su carrera dentro del mundo del séptimo arte comienza a mediados de la década de los 60 cuando se traslada con sus padres a Barcelona y donde en 1965, entra en la escuela de actores “Fernando Espona y Julio Coll” para formarse como actriz, (coincidiendo con la conocida actriz y presentadora de TV, Silvia Tortosa). Ese mismo año ya participa en las películas Tumba para un forajido, Muerte en Primavera y El Castigador en la que debuta como protagonista con una gran calidad interpretativa según el propio director del film, Joan Bosch.

En 1966 se incorpora al cast de la película Su Nombre es Daphne rodada y dirigida por Germán Lorente en Sant Feliu de Guíxols, (Girona) y en 1967 participa en el film Amor en el Aire, protagonizada por Rocío Dúrcal.


Principios de los 70
 
A partir de 1970 participa en películas de terror como El Vampiro de la Autopista, Jack, el Destripador de Londres y Los Crímenes de Petiot, dirigidas por José Luis Madrid de la Viña, (1933-1999).
Su última aparación en la gran pantalla fue en el largometraje Siete Chacales en 1974, también dirigido por José Luis Madrid.

En la actualidad, todavía no he podido localizar el paradero de esta actriz secundaria pero según actores ya retirados que la conocieron en algún rodaje, debe de estar residiendo en Madrid.

En palabras de Francisco Reig Riera, actor secundario que trabajó con ella en dos films: “Patricia Lorán además de un bellezón de mujer (Germán Lorente, el director de Su nombre es Daphne, la llamaba la Claudia española, por su semejanza con la por entonces esplendorosa star Claudia Cardinale), es una de las actrices más vivenciales e intuitivas del cine español de su época. Una verdadera lástima que no se le haya dado más difusión y un mayor aprovechamiento a su carrera. Actrices muy por debajo de su nivel interpretativo y físico, ya que poseía una belleza latina radiante, de gran impacto, han alcanzado mayor proyección y reconocimiento que ella hasta el momento. Sería hora de hacer justicia a Patricia Lorán y colocar en un lugar privilegiado en la historia del cine español de los dorados 60″.

Barcelona, 25 de abril de 2011.



 Texto de Juan Pablo Torrents, publicado originalmente en su web http://jptorrents.wordpress.com/www.jptorrents.wordpress.com.


Filmografía SW:

1965- Tumba para un forajido 
1966- Rio Maldito

miércoles, 27 de abril de 2011

Nuevo Blog. AlmeriaCine

Nace un nuevo blog sobre la bella tierra donde se rodaron la mayoría de los spaghettis, AlmeriaCine.
Pasaos por él pinchando en este enlace.

martes, 26 de abril de 2011

¿Los Tiempos cambian? (Corto 2007-montaje sonoro)

 



En 1895, pasados treinta años de la guerra de Secesión, aún queda gente como Henry Coburn, hijo y nieto de confederados, que mata nordistas por puro fanatismo político. Además, Coburn y sobre todo el capataz de su establo, explotan a sus trabajadores. Fanatismos políticos y explotación...hay cosas que no cambiarán nunca.

Cortometraje del año 2007. Mudo en su primera versión, este es su montaje sonoro. 

lunes, 25 de abril de 2011

EL ÚLTIMO PISTOLERO

El Último pistolero (L'ultimo killer)
1967
Italia
Director: Giuseppe Vari
Reparto: George Eastman, Dragomir Bojanic, Dana Ghia, Mirko Ellis, Gianni Medici, Daniele Vargas, Giuseppe Addobbati, Fabio Coplan, Paolo Figlia, Valentino Macchi, Giuseppe Castellano, Anton de Cortes, John Matthews, Paolo Reale, Max Fraser 
Guión:  Victor Catena, Arthur Frank, Augusto Caminito
Fotografía: Angelo Filippini
Música: Roberto Pregadio


Spaghetti de 1967 producido por una pequeña compañía, Castor Film, y dirigida por Giuseppe Vari bajo su seudónimo habitual para este subgénero de Joseph Warren, realizador y guionista que desde 1966 hasta 1971 se especializó en este subgénero rodando siete westerns, todos ellos de bajo presupuesto pero con cierto interés, entre los que destacan: “Deguello” (su debut en el spaghetti), “Un agujero en la frente” (ya comentado en este blog), “Un póker di pistola” o “Reza al muerto y mata al vivo”.

Ramón es un colono mejicano que va a sufrir en sus propias carnes el enfrentamiento existente entre agricultores y ganaderos en su región ya que, tras ser asaltado y robado, su padre es asesinado y su granja incendiada por los hombres de Barret, el magnate local dueño de una importante ganadería. Herido en un enfrentamiento con uno de los hombres de éste, será cuidado por un pistolero al que involuntariamente había salvado la vida llamado Rezza, por lo que una vez curado le pedirá que le instruya en el manejo de las armas con el único objeto de vengarse de Barret. Entre ambos hombres solitarios surgirá una sincera amistad que el destino se encargará de poner a prueba.

El spaghetti, por tanto, a través de un curioso guión de Augusto Caminito (colaborador habitual en los westerns de Vari además de haber firmado el original e inusual para este subgénero libreto de “Los profesionales del oro”), en el que prima el desarrollo de la historia y las relaciones entre los personajes frente a la acción mecánica y que cuenta con unos diálogos más cuidados de lo que era habitual, plantea dos subtramas ampliamente tratadas en el western (tanto el americano como el europeo) a través, básicamente, de la relaciones que se establecen entre dos parejas de hombres:





La para mí menos conseguida y más convencional sobre el enfrentamiento entre ganaderos, partidarios de los grandes espacios abiertos, y el de los colonos que para labrar la tierra recurren a las cercas como elementos delimitadores de la propiedad, con la particularidad de que en este caso, y según las palabras del padre de Ramón, fueron los agricultores los que llegaron primero y convirtieron un erial en una zona productiva; enfrentamiento simbolizado en la lucha, casi de carácter personal, mantenida por Barret (ganadero) y Stevens (colono) que a la postre son las dos caras de la misma moneda, hombres que se sirven de la violencia, bien directamente o a través de otros, para aniquilar a sus contrarios e imponer su estilo de vida.

La mucho más interesante y, creo, lograda sobre la típica historia maestro alumno representada por el pistolero Rezza y el mejicano Ramón, de una gran autenticidad y que eleva, para mi gusto, la película por encima de la media del género. Así nos encontramos con dos personas solitarias, en el caso del primero por su profesión (le llega a decir a Ramón que entre él y la sociedad existe un muro y que “la gente te respetará, te tendrá miedo pero no te querrá. Estás a este lado del muro. Solo”) y en el caso del segundo por su condición de mejicano (aunque no se profundiza, el guión hace continuas alusiones a la marginación de la población mejicana y el racismo de los yanquis; así por ejemplo cuando en un primer momento Ramón se niega a tomar las armas junto al resto de colonos, uno de ellos le echa en cara su condición de mejicano, tras caer herido en el enfrentamiento con un ganadero la dueña del saloon le pide a Rezza que se lo lleve porque si no al ser mejicano le echarán las culpas a él; además de presentar a los mejicanos como personas pacíficas que sufren la violencia de los americanos, cuya cultura está más apegada a las armas) que van a establecer unos vínculos muy estrechos sin saber que el destino les depara una terrible sorpresa ya que se verán impelidos a enfrentarse para poder cumplir con sus respectivas obligaciones, de carácter profesional en el caso del pistolero (cumplir con su contrato) y de carácter moral por parte de Ramón (vengar a su padre). Incluso, por primera vez, justo antes de enfrentarse, Rezza antepondrá su amistad a su profesionalidad y le dará la oportunidad a Ramón de escapar con su caballo, aunque ambos saben que es una opción imposible.


Es en esta subtrama, en la que Rezza le irá enseñando los trucos de su oficio a Ramón (“primero dispara y luego habla”, “dispara cinco veces y carga, así siempre tienes una bala disponible”, “tienes ventaja si tienes el sol a tu espalda”, “las matemáticas lo son todo, tienes que contar siempre: pasos, disparos, minutos”, etc) donde podemos encontrar ciertos paralelismos con dos grandes spaghettis rodados ese mismo año: “De hombre a hombre” y, sobre todo, “El día de la ira”, pero lo cierto es que, por lo que he podido leer, la película que nos ocupa se estrenó varios meses antes que la citada en último lugar. En todo caso, como en estos dos, e incluso de forma más acentuada, se tiende a desmitificar a la figura del pistolero que nada tiene que ver con el del western clásico. Así Rezza aparece como un profesional frío al que no le importa a quién vaya a matar y las razones por las que va a morir ese hombre, su oficio es ese y sólo le preocupa cobrar; es más, ni tan siquiera le dará una oportunidad a su futura víctima retándola a un duelo sino que la matará a sangre fría con un rifle de mira telescópica; es por tanto un asesino. Él mismo es consciente de la persona en la que se ha convertido y así se lo reconoce a Ramón: “Debes olvidarte de que eres un hombre. Debes sentirte como un animal. Si te niegas a hacerlo el sobrevivir te resulta difícil”. Su oficio, por tanto, carece de nobleza y en él tan importante como la rapidez son una serie de trucos que le permiten conservar su vida. Además su estilo de vida carece del glamour reflejado en otros largometrajes: vive en una especie de chamizo y su forma de vestir contrasta notablemente con la de Barret, personaje que le contrató, e incluso con la de Stevens, individuo al que tiene que asesinar.


Por lo que respecta a la labor de dirección de Giuseppe Vari creo que acierta con el ritmo pausado que requería la película y consigue en gran parte de la misma transmitir el dramatismo de la historia que está contando, aunque desde el punto negativo se puede señalar el abuso del zoom, alguna transición rápida entre escenas y la parte final que parece un tanto precipitada como si faltara alguna secuencia y choca con el ritmo de la mayor parte del film, hecho que no sé si se debe a que la versión que he visto no sea la completa o que alguna escena se quedase en la sala de montaje ante la posibilidad de que la película se estuviera alargando en demasía.





En cuanto a la banda sonora, fue compuesta por Roberto Pregadio, autor de la extraordinaria música de “Tierra de gigantes” y que volvería a colaborar con Vari con sus estupendas composiciones para “Un agujero en la frente”. En este caso cuenta con un gran tema principal, que comienza con el melancólico sonido de una guitarra a la que se le van sumando poco a poco el resto de instrumentos, muy apropiado para la historia que se cuenta. La única pega es que el tema con distintas variaciones (con protagonismo de la armónica o de la trompeta) tiende a repetirse en exceso a lo largo del largometraje.


Por último respecto a los actores, al frente del reparto y para dar vida a los dos personajes principales, más perfilados de lo que era habitual en este subgénero y con muchos matices (sobre todo la figura del pistolero), nos encontramos con Anthony Ghidra, intérprete yugoslavo cuyo verdadero nombre era Dragomir Bojanic, y a George Eastman, nacido como Luigi Montefiore. Ambos constituyen otro activo del film.


El primero encarna de forma memorable a Rezza (su interpretación me parece que está casi a la altura de las de los grandes del spaghetti), transmitiendo con una economía de medios notable todo el cansancio y hartazgo de su personaje, un hombre solitario que tan sólo desea retirarse para poder formar una familia. Gracias a su interpretación consigue que su pistolero nos repugne y nos atraiga a la vez. Frente a él un estupendo Eastman como Ramón, un hombre que, debido a las injusticias que va a padecer, evolucionará notablemente a lo largo del film convirtiéndose en un frío pistolero (su mirada es amenazadora) cuya única meta será acabar con Barret aunque eso suponga enfrentarse al único verdadero amigo que ha tenido o, incluso, su propia muerte (moral y física), comprobando, como le dijo su padre, que “la venganza es fácil e inútil. Te deja la boca amarga como la fruta verde”. Junto a ellos nos encontramos con unos convincentes Daniele Vargas como el sibilino Barret y Mirko Ellis en el papel del violento y poco inteligente Stevens, y a Dana Ghia en el rol de la dueña del saloon, el personaje menos logrado y bastante difícil de entender ya que parece preocuparse sinceramente por Ramón pero al mismo tiempo delata sus planes a Barret provocando todo el drama posterior.


En definitiva me ha parecido un notable spaghetti, a pesar de algunos fallos en el guión (creo que se escribió en dos o tres días), algún desequilibrio y la falta de un presupuesto superior, pero en todo caso muy recomendable.


PUNTUACIÓN: 

HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 8
MÚSICA: 7

MEDIA: 6,8

martes, 12 de abril de 2011

El hombre del valle maldito

El hombre del valle maldito
1964
España/Italia
Director: Primo Zeglio & Siro Marcellini 
Reparto: Ty Hardin, Irán Eory, Piero Leri, Joe Kamel, José Nieto, John Bartha , José Marco, Rafael Albaicín, W. Hacobre, Phil Posner, Giovanni Petti, Luis Induni 
Guión: Eduardo Manzanos Brochero, Eduardo Di Lorenzo
Fotografía: Remo Grisanti, Alfredo Fraile 
Música: Francesco De Masi, Manuel Parada


SINOPSIS: Gwen Barret, una blanca casada con un “civilizado” indio a pesar de la oposición de su padre, es raptada por los apaches. Tras ser liberada por su marido topa con Johnny Walscott, un solitario vaquero con un triste pasado amoroso, que la cuida y la acompaña a Uvaldo, la ciudad más próxima, en donde volverá a sufrir la incomprensión de su padre y tendrá que tomar una dolorosa elección.
 
Coproducción hispano-italiana de 1964 dirigida por Primo Zeglio, aunque también se atribuye su autoría a Siro Marcellini, guionista y realizador que habiendo filmado, básicamente, películas de aventuras se adaptó a principios de la década de los sesenta a la moda imperante del euro western con films como “Los rurales de Texas”, “Los cuatro implacables” o “Winchester uno entre mil”.

Se trata, por tanto, de un western anterior al boom leoniano, producido por Eduardo Manzanos, hombre clave en el nacimiento y desarrollo del western hispano, a través de su Fénix Films y por Ernesto Gastaldi, un inquieto abogado enamorado del cine, figura fundamental no sólo en el desarrollo de western mediterráneo al producir la mayoría de los filmes ambientados en el Oeste realizados por el pionero Joaquín Luis Romero Marchent durante los años sesenta, y varios de los mejores spaghettis realizados como “La muerte tenía un precio”, “El bueno, el feo y el malo”, “El halcón y la presa”, “Cara a cara” o “Salario para matar”, sino también en el cine europeo en los años sesenta y hasta mediados de los setenta, ya que a través de su compañía, la Produzioni Europee Associati (PEA) y habiéndose asegurado la distribución internacional de sus películas por medio de la United Artists, colaboró con autores de la talla de Fellini (“Satiricon”, “Casanova”), Pontecorvo (“Queimada”), Bertolucci (“El último tango en París”, “Novecento”), Pasolini (la denominada trilogía de la vida y “Salo o los 120 días de Sodoma”) e, incluso, con Billy Wilder, (“¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?”).





Modestísima propuesta con claras carencias presupuestarias y lo que es peor, tanto técnicas como artísticas. Así tras unos títulos de crédito iniciales con estética propia de las series del oeste de los años cincuenta y principios de los sesenta que proliferaron en la televisión norteamericana (no sé si fue un efecto buscado ya que Ty Hardin protagonizó una de ellas) el film se abre con una escena claro ejemplo de lo que no deben ser la dirección, ambientación e interpretación de una película si se quiere ser mínimamente creíble. Pero lo peor es que gracias a un vergonzante guión y una torpe dirección la película se mantiene a este nivel durante todo su desarrollo, menos mal que sólo dura ochenta minutos. Así en la siguiente escena, en un clamoroso error de raccord, vemos que el vestido que se le había roto a la protagonista en el forcejeo con los indios aparece milagrosamente cosido; a continuación asistimos a la persecución de Tamura, el marido indio de Gwen, por los apaches que parece sacada de un western hecho en serie de los protagonizados por John Wayne en los años treinta; vemos en otra escena como éste llega a un rancho, por cierto sin amueblar, en donde le esperan tres indios y, tras matarlos, con las mismas se va, claro uno se pregunta ¿Para qué narices había ido al rancho? o ¿Cómo sabían los indios que iba a ir allí?; mientras, Walscott ha llevado a Gwen a su cabaña y hasta allí se acerca un conocido al que Johnny sólo se le ocurre preguntarle si ha llegado a caballo (pues dime tú cómo lo ha podido hacer si no es encima de un equino porque el rancho se encuentra perdido en la montaña), además el visitante, que es otro lince, como Gwen no bebe piensa que es india, pero hombre que yo sepa no había indias de piel clara y pelo rubio. Y toda la película sigue a este nivel disparatado, además de irse inclinando poco a poco hacia el melodrama más cursi con niña repelente incluida (hija del antiguo matrimonio de Johnny). Para colmo el largometraje tiene ciertas pretensiones al tratar, aunque de forma banal, el tema de la problemática del mestizaje y las relaciones interculturales en el Far-West, con un mensaje, tampoco sé si buscado, un tanto preocupante: sólo son buenos los indios civilizados como Tamura, es decir aquellos que han abandonado su cultura y su forma de vida, se comportan como un blanco más e, incluso, visten como ellos. Y a todo ello hay que añadir unos diálogos un tanto pretenciosos que quedan ridículos y falsos, como el mantenido por Gwen y Johnny al borde del río, al señalar la primera: “Soy hija de Sam Barret. Comprendo que le parezca una monstruosidad que una mujer blanca se case con un indio, sin embargo le quiero y siempre le querré” (eso justo antes de estar a punto de caer en sus brazos) y le contesta Johnny “Sé perfectamente que en el amor no caben prejuicios…cada uno debe proceder según su corazón y conciencia”, pues estupendo, todos contentos. Y lo mejor de todo es que no hay quien entienda, porque en ningún momento lo explican, el leitmotiv del film, o sea la querencia de los apaches por Gwen a la que persiguen por todas partes, raptándola varias veces e incluso provocando una masacre en un rancho, más bien una chabola, en una escena de batalla chapuceramente rodada.


La ambientación, obra de la normalmente fiable sociedad constituida por Cubero y Galicia, es otro elemento fallido, supongo que por la estrechez del presupuesto. Así tanto el pueblo (en los interiores y en las vistas exteriores) como la hacienda de Sam Barret parecen lo que son: casas andaluzas; por lo que los actores resultan totalmente descontextualizados en unos decorados más propios para Curro Jiménez y su partida de bandoleros.


En cuanto a la banda sonora del maestro Manuel Parada, aunque también he visto que se atribuye a Francesco De Masi, sin ser una maravilla es de lo poco salvable del film y cuenta con un tema principal deudor de los westerns clásicos que igualmente recuerda a las series anteriormente citadas.




Por lo que respecta al reparto, al frente del mismo, con el objeto de hacer más comercial al film, se contó con Ty Hardin, actor norteamericano en horas bajas que había obtenido un gran éxito con “Bronco” serie de la Warner Bross ambientada en el Oeste de la que se emitieron casi setenta episodios entre 1958 y 1962. Aquí da vida de forma desganada y luciendo en varias escenas sus pectorales a Johnny, un vaquero filósofo que ayudará y se enamorará de Gwen pero al final sabrá renunciar a ella. Junto a él, Irán Eory, actriz nacida en Teherán que trabajó bastante en el cine español de la década de los sesenta y terminó protagonizando múltiples telenovelas en Argentina durante la siguiente década, muestra todas sus limitaciones interpretativas como Gwen, claro que su papel se las trae porque es la contradicción personificada: está muy enamorada, o por lo menos no se harta de decirlo, de su marido y a las primeras de cambio le hace tilín Johnny; se va toda convencida a su rancho con Tamura, pero nada más verla su padre la convence para que vuelva con él ¡Hombre aclárate un poco!. Menos mal que José Nieto anda por allí y pone un poco de oficio y profesionalidad al encarnar a Sam Barret, un hombre autoritario que no ha aceptado el matrimonio de su hija con Tamura por ser éste un piel roja. Sin duda, la presencia de este actor, curtido en infinidad de películas, es también de lo poco salvable del largometraje.





En resumen, un western realmente malo, incluso inferior a cualquier telefilme decente, clónico de los serie b norteamericanos, sólo apto para aquellos que quieran completar sus conocimientos sobre el western mediterráneo y tengan mucha paciencia y tiempo que perder.


PUNTUACIÓN

HISTORIA: 1
AMBIENTACIÓN: 1
DIRECCIÓN: 1
ACTORES: 3
MÚSICA: 5

MEDIA: 2,2

domingo, 10 de abril de 2011

jueves, 7 de abril de 2011

FUERA DE LA LEY

Fuera de la ley
1964
España
Director: Leon Klimovsky
Reparto: George Martin, Jack Taylor, Juny Brunell,  Tómas Blanco, Luis Induni, Esther Grant, Aldo Sambrell, Alberto Dalbés, Tota Alba, Simón Arriaga, José Canalejas, Margot Cottens, Claudio Denis, Gaspar 'Indio' González, Henri Macedo, Enrique Nuñez, Lorenzo Robledo, José Luis Zalde.
Guión: Angel del Castillo, S.G. Monner, Bob Sirens
Fotografía: Manuel Hernández Sanjuán
Música: Daniel White 

Película producida por una pequeña compañía española (Carthago Cooperativa cinematográfica) en 1964 (algunas fuentes la datan en 1963) dirigida por Leon Klimovsky, un odontólogo argentino apasionado por el cine que, tras haber rodado varios filmes en su país, emigró a España en donde desarrollo una fructífera carrera más caracterizada por la variedad y cantidad de largometrajes filmados (más de sesenta en veinticuatro años) que por su calidad. Así rodará, de forma incansable, dramas (“La paz empieza nunca” de 1960), comedias (“Torrejón City” también de 1960), musicales (“Escala en Tenerife” de 1962 a mayor gloria del Dúo Dinámico), bélicas (“Junio 44: desembarcaremos en Normandía” de 1968 o “No importa morir” rodada al año siguiente, ambas en régimen de coproducción y deudoras de “Doce del patíbulo”) o westerns (“Un hombre vino a matar” de 1967, “Reverendo Colt” y “Un dólar para Sartana” ambas de 1971), destacando especialmente en el género de fantaterrror y de suspense durante la década de los setenta gracias, sobre todo, a su colaboración con Paul Naschy (”La noche de Walpurgis” cuarta película sobre Waldemar Daninsky, “La rebelión de las muertas”, el giallo “Una libélula para cada muerto”, “El mariscal del infierno” sobre un personaje muy querido por Paul Naschy que ya había aparecido en “El espanto surge de la tumba”, “La saga de los Drácula” o “La orgía nocturna de los vampiros”, estas dos últimas sin Naschy).


Billy Carter vive junto a sus padres criando ganado en un rancho de la localidad de Colver, pero pronto sus intereses chocarán con los de los ganaderos, partidarios de los espacios libres, comandados por Price. En el asalto a su rancho por los hombres de Price, mientras él estaba fuera, su padre es asesinado y Billy jurará vengarse de quien le mató e incendió el rancho.


Típico western preleoniano que utiliza un personaje real bien conocido por los aficionados al género, aunque el rigor histórico sobre su vida sea nulo, para favorecer la comercialización del largometraje. En este caso se escogió a la figura de William Bonney, alias Billy el Niño (la película en inglés se llamó precisamente Billy the Kid), un joven pistolero que se vio envuelto en la famosa guerra del Condado de Lincoln al ser asesinado su protector, John Tunstall, terminó siendo tiroteado por un antiguo amigo, el sheriff Pat Garret y cuya vida se ha llevado, con mayor o menor fortuna y rigor, al cine en numerosas ocasiones: “Billy el niño” (1941) de David Miller con Robert Taylor, “El Zurdo” (1958) de Arthur Penn con Paul Newman, “Chisum” (1970) centrada en la guerra del Condado de Lincoln con John Wayne como Chisum, “Pat Garret y Billy the Kid” (1973) de Sam Pekinpah con Kris Kristofferson, “Arma joven” (1988) e, incluso, dentro de los spaghettis “El hombre que mató a Billy el Niño” de Julio Buchs con Peter Lee Lawrence.


Nos encontramos ante otro western mediterráneo que reproduce miméticamente los temas y argumentos de los westerns norteamericanos, realizado como consecuencia de la aceptable acogida que ya habían tenido algunas películas del Oeste filmadas en España pero con unos medios que se antojan bastante inferiores a las de éstas, con lo que el resultado es menor.





Además del problema de la falta de medios, la película cuenta con un guión que de forma confusa mezcla distintos temas en ningún momento desarrollados: el enfrentamiento entre los partidarios de las cercas y los de los espacios libres, la historia de amor, a lo Romeo y Julieta, entre el protagonista y la cuñada de su mayor enemigo, el racismo latente en las poblaciones del sur de los EEUU, la corrupción existente entre los defensores de la ley al estar al servicio de los poderosos, la confrontación entre poder civil y poder militar y, sobre todo, el drama interior del protagonista y sus ansias de venganza, para decantarse por las típicas escenas de cabalgadas para un lado y para otro que se hacen interminables o las no menos típicas peleas, puestas con calzador, que se alargan en exceso. Además los diálogos son flojísimos y proliferan las secuencias ingenuas o inverosímiles como aquella en la que Blak Jack, el matón de Price, tras matar a Carter lo lleva a su rancho, lo deposita dentro y, no contento con esto, prende fuego a la casa y todo ello sin que nadie lo oiga o lo vea; aquella en la que Billy, perseguido por los hombres de Price y por el ejército, se esconde en una cabaña que es más conocida que el saloon del pueblo y, claro, por allí pasa todo el mundo o la forma tan simple en la se descubre la verdadera identidad del asesino. Y todo ello puesto al servicio de una historia falsa en la que se intentan explicar las razones que llevaron a Billy, que ni tan siquiera cuenta con su apellido original, a convertirse en un forajido; así el capitán del ejército se dirigirá al final de la película al corrupto sheriff y a Price en estos términos: “Billy el Niño, cabalgando hacia un nuevo destino. Pudo ser un hombre de bien pero ustedes le han convertido en un fuera de la ley” (de ahí el nombre de la película).


Por lo que respecta a la dirección de Klimovsky me ha parecido desacertada, atropellada, premiosa y bastante descuidada, además de contener la película graves errores de raccord (en la escena del incendio del rancho primero es noche cerrada, después se ve amanecer para, a continuación, volver a ser de noche). Tan sólo en alguna secuencia aislada, como la acertada del entierro del padre de Billy, se aprecia por parte del director una cierta preocupación por la composición.


Respecto a la banda sonora, su autoría corresponde a Daniel White músico de origen escocés que erróneamente ha sido confundido en alguna ocasión con Jesús Franco. Cuenta con dos temas cantados: el primero y principal que se escucha con los títulos de crédito suena al típico de una big band cantado por un crooner a lo Dean Martin y me pareció totalmente inapropiado; mientras que el segundo encaja mejor con la escena en la que aparece (la mencionada del entierro); además se escuchan dos o tres temas incidentales con clara influencia del jazz que no son apropiados para un western y están dramáticamente muy mal utilizados; así, por ejemplo un tema con base de batería y guitarra jazzísticas se escucha mientras es perseguido Billy.


En cuanto a los actores, se intentó hacer pasar por parte de la productora a los tres protagonistas como norteamericanos, a pesar de que George Martin, en realidad Francisco Martínez Celeiro, era un ex gimnasta español que salvó milagrosamente la vida al no tomar en 1959 el avión en el que perdió la vida el equipo de gimnastas capitaneados por el campeón europeo Joaquín Blume. En esta su segunda incursión en el western mediterráneo interpreta con sus evidentes limitaciones a Billy, al que la película nos lo retrata como un obediente, trabajador y formal muchacho arrastrado a una vida de delincuencia por las circunstancias. Como principal antagonista de Billy está Black Jack un violento, impulsivo y racista pistolero capaz de asesinar a un negro desarmado y de rodillas que, haciendo honor a su nombre, viste siempre de negro y al que da vida de forma poco convincente en su primera incursión en este subgénero Jack Taylor, un actor norteamericano que desarrolló prácticamente la totalidad de su carrera en Europa y se convertiría en un rostro indispensable para el fantaterror realizado en España. Junto a ellos algunos rostros habituales del western mediterráneo que hacen un poco más llevadero el soporífero film: Luis Induni más creíble de lo habitual como Price, Aldo Sambrell abandonando, por una vez, sus típicos papeles de bandido para interpretar en esta película al sheriff, aunque sea un corrupto y Lorenzo Robledo como el ayudante del anterior. También pululan por allí un aceptable Tomás Blanco dando vida al desdichado padre de Billy, una inexpresiva Juny Brunnell como Helen Price y una, para mí, inaguantable Margot Cottens en el papel de mujer de Price.


En resumen, film flojísimo, lento hasta la exasperación, muy aburrido y realizado con una precariedad de recursos alarmante que creo es difícil que satisfaga incluso a los más fanáticos de este subgénero.


PUNTUACIÓN

HISTORIA: 2
AMBIENTACIÓN: 2
DIRECCIÓN: 3
ACTORES: 3
MÚSICA: 2

MEDIA: 2,4

lunes, 4 de abril de 2011

Balcázar Producciones Cinematográficas: Más allá de Esplugas City ((Libro)


Interesante y muy amena aproximación escrita por Rafael de España (autor de la recomendable “Breve historia del western mediterráneo”) y Salvador Juan i Babot sobre la familia Balcázar que importaron a nuestro país, salvando las distancias, el sistema de los grandes estudios estadounidenses. Así junto con su productora (la Balcázar Producciones Cinematográficas), construirán sus propios estudios, tanto de doblaje como de grabación, con su personal fijo en Esplugues (incluidos los dos pueblos del oeste denominados Esplugues City), su distribuidora de filmes junto con Alfredo Talaweritz (Filmax) e incluso un hotel en el que hospedar a los estrellas de sus películas, convirtiéndose junto con IFISA en la productora catalana más longeva.


El libro (editado en 2005 por "PUBLICACIONS I EDICIONS UNIVERSITAT DE B" está estructurado en dos partes, la primera corresponde a la actividad como productores de la familia Balcázar, marcada por ofrecer productos de moda (westerns, seudobonds, aventuras, etc) realizados en serie para abaratar los costes y, en su mayoría, en régimen de coproducción para garantizar una cierta calidad; mientras que la segunda se centra en la actividad de los estudios, los cuales no sólo albergaron el rodaje de sus películas sino que, para obtener un mayor rendimiento a los mismos, se alquilaron frecuentemente a otras productoras.

La obra se completa con dos listados muy útiles en los que figuran una breve reseña (productores, directores, actores, sinopsis y fecha de estreno) tanto de las películas que produjeron como de las rodadas en sus estudios, y con una serie de fotografías y de carteles de sus largometrajes, todas ellos en color.


En definitiva un atractivo y documentado libro del que si hay que poner alguna pega es su brevedad, tan sólo 130 páginas, por lo que en mi caso me quede con ganas de leer más sobre esta familia que influyó notablemente en la cinematografía de nuestro país, sobre todo durante el periodo 1964-1970.

viernes, 1 de abril de 2011

EL DESAFIO DE PANCHO VILLA

El desafio de Pancho Villa
1971
España/USA/Reino Unido 
Director: Eugenio Martin
Reparto: Telly Savalas, Clint Walker, Chuck Connors, Anne Francis, Angel Del Pozo, Jose Maria Prada, Luis Dávila, Monica Randall, Antonio Casas, Walter Coy, Alberto Dalbes, Dennis Vaughan, Hal Fletcher, Ralph Nevilla, Gene Collins, Bob Hevelone, Art Larkin, Barta Barri, Adolfo Thous, Fernando Sanchez Polack, Fernando Hilbeck, Felipe Solano, Dan van Husen, Ben Tatar, Lorraine Clewes, Marjorie Neville, Nancy Baytos, Eduardo Calvo, Gerardo Navarro, Lucy Tiller, Lola Gaos, Ines Oviedo, Luis Marin, Tony Skios, Alejandro Ulloa, Norman Bailey, Alberto Fernandez, Antonio Rossi, Luis Rivera, Bud Strait, Carl Rapp, Lone Ferk, Marisa Malfatti
GuiónEugenio Martin, Julian Halevy 
Fotografía: Alejandro Ulloa
Música: Anton Garcia Abril


Coproducción entre los EEUU, Gran Bretaña y España de 1972 dirigida por Eugenio Martín, un director y guionista de gran versatilidad que filmó películas de todo tipo de géneros (aventuras, westerns, thrillers, comedias e incluso musicales), destacando sin duda entre ellas “Hipnosis” de 1962 (thriller con elementos sobrenaturales cuya idea principal fue retomada por Richard Attenborough en “Magic”), “El precio de un hombre” de 1967 (uno de los mejores westerns dirigidos por un español con Tomas Milian en su segunda incursión en este subgénero) y “Pánico en el Transiberiano” de 1972 (película de culto y de las más logradas del fantaterror español).



A principios de 1970 firma un contrato con el otrora gran guionista y productor norteamericano Philip Yordan (“Johnny Guitar”, “Lanza rota” por la que obtuvo el Oscar o “El hombre de Laramie”) que desde principios de los sesenta se encontraba residiendo en Madrid y París al haber sido contratado por el productor Samuel Bronston con el objeto de que participara en los guiones de la mayoría de los films que produjo en España (“El Cid”, “Rey de reyes”, “55 días en Pekín”, “La caída del imperio romano”), convirtiéndose en su hombre de confianza. El resultado fue la realización de tres películas en régimen de coproducción, con presupuestos superiores a los habituales y en las que pudo contar con un elenco internacional: el fallido western con elementos cómicos “El hombre de Río Malo” con Lee Van Cleef ,James Mason y Gina Lollobrigida, la película que nos ocupa y la citada “Pánico en el Transiberiano”, realizada para amortizar el coste de los trenes adquiridos para “El desafío de Pancho Villa” que contó con la pareja más representativa de la productora Hammer, Peter Cushing y Christopher Lee, y fue la única en la que pudo trabajar en el guión desde el principio; ya que como el mismo reconoce en la entrevista realizada por Juan Gabriel García, recogida en su libro “Los españoles del western”, en los dos primeros casos se encontró con unos guiones muy flojos por lo que se limitó a intentar mejorarlos en la medida de lo posible.



La película recrea libremente un hecho histórico: la invasión de Columbus en 1915, ciudad situada en Nuevo Méjico, por parte de Pancho Villa como venganza por apoyar EEUU a su enemigo Carranza al que suministraban material bélico. La incursión villista, en realidad éste no participó personalmente sino que la llevó a cabo su lugarteniente el general Ramón Banda Quesada, dio lugar a la correspondiente respuesta de Estados Unidos, al verse por primera vez invadido por fuerzas de un país extranjero, con la expedición de castigo comandada por el general Pershing que se adentró durante casi un año por el norte de Méjico con el objetivo fallido de capturar a Villa (esta expedición punitiva fue tratada por el cine, entre otros, por Robert Rossen en el film de 1959 “Llegaron a Cordura”).


El largometraje es decepcionante, teniendo en cuenta además que se contó con un presupuesto superior al de la media de estos productos, lo que se traduce en una más que aceptable labor de ambientación (con una buena recreación de la ciudad de Columbus en unos estudios creados en Madrid y la aparición de abundantes localizaciones situadas en Colmenar Viejo, Aranjuez, Guadix que gracias a la estupenda labor como director de fotografía de Alejandro Ulloa dan el pego como territorio fronterizo entre los EEUU y Méjico). Pero el problema, como reconoce el propio director, es un guión pésimo ante el cual Eugenio Martín poco pudo hacer.




Su inicio ya nos augura la astracanada que vamos a ver. Los títulos de crédito con los colores de la bandera mejicana se alternan con una imágenes montadas de tal forma que marean mientras escuchamos el tema principal compuesto por el maestro Antón García Abril más propio de la típica comedieta setentera española con Alfredo Landa de protagonista; para, a continuación, contemplar en la primera escena cómo están afeitando a Pancho Villa, inmediatamente después ser Villa rescatado por sus hombres gracias al lumbreras del oficial al mando que decide aminorar la marcha del tren y, por último, una vez liberado comprobar éste según sus propias palabras que la calva “Me hace más interesante, más inteligente. Como un profesor”. Y todo este rollo para justificar la calva de Telly Savalas, actor que da vida al revolucionario.


Pero el western no se queda sólo ahí sino que a medida que va avanzando la historia, lo de avanzar es un decir, los elementos pretendidamente cómicos van en aumento con proliferación de secuencias que son una auténtica chorrada: la de la aparición de la mosca en el comedor de los oficiales norteamericanos, la de la discusión de Scotty, lugarteniente de Villa, con su mujer Flo mientras el jefe revolucionario hace las veces de árbitro o la inmediatamente posterior sobre el falso infarto de Villa. Además empiezan a proliferar situaciones verdaderamente inverosímiles como la huida del teniente Eager que engaña a sus carceleros escondiéndose debajo de una cama. Y a todo esto hay que añadir la pobretona y totalmente fuera de contexto banda sonora, que para rematar la faena cuenta con la típica y totalmente inadecuada canción final pensada para un crooner.


Al igual que en la ambientación, el relativamente elevado presupuesto se aprecia en el elenco actoral. Así se escogieron a actores norteamericanos, con el objeto de hacer más comercial el producto, para los cuatro principales papeles. Telly Savalas (poco tiempo después alcanzaría la fama con la serie de televisión “Kojak”) interpreta, de forma un tanto excesiva, a un grotesco, primitivo, hipocondriaco y teatrero Villa, capaz de llorar ante la desgracia de una mujer y a continuación disparar a sangre fría a un hombre por ser el ahijado de su gran enemigo. Del retrato que se hace de él en la película dos cuestiones, históricamente ciertas, son las más interesantes: la importancia que siempre dio a los medios de comunicación como elementos de propaganda (así se hizo acompañar por periodistas, de entre los cuales destacó el famoso John Reed, y procuró que se filmarán sus intervenciones militares) y la progresiva toma de conciencia de su propia leyenda. A su lado en el papel de Scotty, su fiel lugarteniente, nos encontramos con Clint Walker (actor que alcanzó el éxito a mediados de la década de los cincuenta con la serie Cheyenne de la que rodó 108 episodios durante ocho años), cuya contenida actuación contrasta con la del protagonista. Lástima que no protagonizará más spaghettis porque con sus 198 centímetros daba muy bien para los westerns. Chuck Connors, otro actor también famoso por una serie de televisión (en este caso “El hombre del rifle” de la que grabó 168 episodios entre 1958 y 1963) fue el encargado de dar vida al coronel Wilcox, un militar esperpéntico, estricto y obsesionado con las ordenanzas, capaz de utilizar fuego real en el entrenamiento de sus hombres porque de esa forma “estoy salvando vidas”. Anne Francis, actriz que tuvo un comienzo bastante prometedor en el cine con largometrajes como “Conspiración de silencio” y “Semilla de maldad” pero pronto se especializó en el medio televisivo, cumple al dar vida al intranscendente personaje de Flo, mujer de Scotty, que trabaja como pianista en Columbus. Junto a ellos un buen número de actores españoles, supongo que para cubrir el cupo de la coproducción, encabezados por unos convincentes Ángel del Pozo como el teniente Eager, rival amoroso de Scotty, y Antonio Casas como el general Goyo, gran enemigo de pancho Villa; y en papeles menores una joven Mónica Randall (habitual por esos años de los spaghettis), Lola Gaos o Eduardo Calvo



Tengo la edición puesta a la venta por Suevia Films con un buen sonido y, en general, una correcta imagen salvo por algunos momentos en los que se aprecia que la cinta de la que se obtuvo la copia estaba un poco deteriorada.


En resumen un mal euro western con un guión que es un auténtico despropósito pero al menos cuenta con abundantes escenas de acción competentemente filmadas que, a falta de una historia mínimamente coherente, amenizan un poco su visión.


PUNTUACIÓN

HISTORIA: 2
AMBIENTACIÓN: 7
DIRECCIÓN: 5
ACTORES: 6
MÚSICA: 1

MEDIA: 4,2